Podría ser más duro. Podría ser más bueno.

Hacer cosas que te cuestan trabajo suele ser buena señal. Quiere decir que te estás saliendo de lo conocido para aprender algo nuevo.

Descubres mucho de ti mismo y de lo que te rodea cuando entras en en ese terreno. Progresas. Creces.

Casi todos sabemos esto o lo intuimos. En algún momento, conectamos en nuestra mente: “si es duro, es bueno“.

Tan clara es la asociación que, cuando conocemos la historia de personas que pasaron por un calvario para superar sus dificultades, más valor les atribuimos.

pesado

Y, sí. Tiene mucho mérito superar lo que la vida te pone en frente. Luchar. Trabajar tan duro como pida la situación.

Nosotros mismos nos sentimos muy bien cuando superamos con éxito pruebas duras, que han requerido determinación, coraje, esfuerzo. Y así nos convencemos más: “si es muy duro, es bueno; más valor, cuanto más cueste”.

¡Mira cómo sufro!

Hay personas que tienen tan interiorizado el mérito de lo duro, que superar la situación es secundario.

Como la gente atribuye mérito a lo sufrido, “rascan” un poquito de autoestima pensando en las desgracias por las que atraviesan o hablando de ellas.

Se pierde la perspectiva. Porque sufrir, en sí, no tiene mérito. ¿Esforzarse? Tampoco lo tiene, cuando puedes resolver ese problema sin convertirlo en una epopeya.

Una situación te pide soluciones. Y si ya es difícil, no tiene sentido esforzarse de más o inventarse la manera de complicarla. ¿O sí?

Hay que llegar más arriba

Otras personas caen en las garras del perfeccionismo. Éste les dice que lo que hacen no basta; no es suficiente.

¿Estudiar media hora? ¡Qué poco! ¡Qué mediocre! Tienes que estudiar dos, todos los días sin faltar. Si no, lo estás haciendo mal.

¿Has terminado ya el trabajo? ¿Tan pronto? Pues, seguramente, es una basura, porque no has tardado ni tres horas.

¿Terminar cinco tareas? ¡Venga ya! Que sean diez. Cinco son pocas… (No es lo suficientemente duro.)

¿Se ve dónde está la trampa? Se identifica “duro” con “bueno”. Y lo duro no tiene porqué ser necesariamente ni bueno ni malo.

A la situación, lo que pida

Para qué complicarla más. Para qué invertirle más tiempo y energía de lo que requiere. Para qué poner el listón veinte metros más allá. ¿Para qué?

Tal vez por esa creencia: si nos esforzamos muy duro, tenemos más valor (ante nosotros mismos y ante los demás).

A lo largo de la vida, todos nos vamos a encontrar con situaciones adversas y con problemas gordos. Necesitaremos esforzarnos bastante, muy probablemente.

Por eso no hay necesidad de complicar o hacer más duras esas situaciones que no demandan tanto esfuerzo o sufrimiento.

Por eso y por la desmotivación, la frustración o las dudas que crecen cuando nos empeñamos en “endurecer” un problema.

Nos interesa resolverlo. Punto. Y, si la solución que hallamos no es tan sacrificada o desgastante, mejor. Esa energía la podemos emplear en otros problemas que sí la pidan.

¿Cómo lo ves tú? ¿Con qué te quedas: pasar por una situación dura o resolver la situación, aunque la solución no sea tan dura? ¿A qué le das más valor?

Por favor, comparte 🙂