Cuando la adversidad llega y sientes que vas a perder el control

La adversidad llama a tu puerta. Ocurre algo que te deja absolutamente descolocado. Estalla una tormenta emocional, en la que conviven el agobio con la desesperación por hacer algo que arregle el problema cuanto antes.

Esta es una situación común. Y no porque ocurra todos los días, sino porque la mayoría de las personas se sienten así alguna vez: descolocadas y agobiadas por una situación crítica.

La adversidad golpea, hagas o no hagas motivos para que te caiga encima. Te lo merezcas o no. No discrimina a nadie, ni respeta ningún momento.

persona deprimida

¡No puede ser! ¿Qué hago?

En los primeros compases de desconcierto y turbulencia, cualquiera de nosotros puede experimentar la urgencia de salir de ahí cuanto antes.

Cualquiera puede, al sentir que pierde el control, volcarse obsesivamente con el problema. Pensar en él las 24 horas. Dar palos de ciego, por si alguno funciona. O adoptar medidas drásticas sin meditarlas.

Y, con la obsesión, crece el estrés en forma de preocupación, insomnio, tensión muscular y demás males.

¿Esto es lo sensato y recomendable? No, porque la situación ya es difícil y a ella añadimos más estrés aún. Pero es humano reaccionar así.

Cuando suenan las alarmas, es humano movilizarse para escapar o arreglar el asunto como sea. Aunque el humano aprende.

Y, conforme va viviendo experiencias que le apremian a actuar, más se da cuenta de le conviene procurarse calma en los momentos difíciles.

Calma para evaluar la situación; calma para decidir qué hacer:  Retomar el control de veras.

brújula

Ideas para hacerte con el control de la situación

Aquí tienes unas propuestas con ese fin.

1. Reconoce tu poder para actuar

Hay situaciones en las que tu margen de maniobra es nulo. Las has de aceptar tal cual, porque no puedes cambiar nada.

En la situación, en sí, no tienes control. Pero sí puedes elegir cómo afrontarla y qué hacer a continuación. Instalarte en el papel de víctima no va a servirte.

Después de llorar o de subirte por las paredes y ya que estés más sereno, te conviene reclamar tu derecho a decidir cuáles van a ser tus siguientes pasos en la vida.

Entre considerarte una víctima de las circunstancias o una persona que tiene poder para elegir cómo actuar a partir de lo sucedido, no hay color. Lo segundo es menos estresante y ayuda a pensar en soluciones.

2. Deja salir lo que piensas y lo que sientes

Puedes hablar de lo sucedido con alguien de tu confianza, siempre que esta persona quiera apoyarte y no alimente el victimismo.

Puedes contártelo a ti mismo. Y una manera de hacerlo que da muy buenos resultados es la escritura.

Escribir sobre la situación que te estresa te ayuda a aclarar ideas y a poner orden, que no es poco.

  • Comienzas por describir la situación en sí y cómo te sientes. Probablemente, te sientas menos abrumado al verlo por escrito que al contártelo mil veces en tu cabeza.
  • Y, conforme vayan saliendo ideas para manejar el asunto, las vas anotando también.

3. Prueba a mirar la misma situación de maneras diferentes

Si estás atascado en una manera de ver las cosas, prueba con una perspectiva distinta. Esta puede ser la de una persona con sentido común en quien confías.

O puede venir de ti mismo, en cuanto tomes distancia del problema. Para hacerlo, por ejemplo, piensa en personas inteligentes que admires y ponte en sus zapatos. ¿Qué harían ellos en esta situación?

4. Quédate en el presente

Lo que pudiste haber hecho antes ya no cuenta. Lo que pasará a partir de hoy es una incógnita. Te sentirás peor si piensas demasiado en el pasado o en futuro.

Trata de enfocarte en tomar decisiones para estar mejor hoy, empezando por las más básicas: ¿cuándo vas a descansar?; ¿qué vas a hacer para relajarte hoy?; ¿qué vas a comer?, etc.

5. Actúa sobre la situación sin girar las 24 horas en torno a ella

Si aplicas algunas de las ideas de arriba, estarás más calmado al llegar a este punto. Ahora sí puedes elegir qué vas a hacer a continuación. Adelante.

Eso sí, procura no girar sobre la situación a tiempo completo. Intenta prestar atención a otras cuestiones también; las que sean que formen parte de tu vida.

Así descansas de la situación y recobras energías.

6. Pide ayuda si la necesitas

Pedir ayuda es un acto responsable. No tienes porqué pasar a solas por este cambio difícil. Puedes recabar los apoyos que estimes oportunos: profesionales, de la gente que te rodea o de personas que hayan pasado por experiencias similares.

Aunque, como hemos dicho más arriba, trata de que sean personas que no alimenten el victimismo. Y tampoco tú te acomodes en la atención que recibes esquivando el momento de actuar (en lo que necesites actuar).

Ojalá que no nos esperen malos tragos así, de los que sientes que pierdes el control. O no demasiados.

Pero, si llegan, tratemos de hallar calma para decidir qué hacer.

Ya tenemos cierta experiencia afrontando situaciones difíciles. A esa experiencia vayamos sumando ideas que nos sirvan de herramientas. Aquí hemos dejado un puñadito.

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