La decisión de hacerlo de una vez o postergarlo

Hay una tarea o proyecto esperando. Te ocuparás de ello “algún día”. Pero van pasando los días y el apropiado no llega.

O puede que sea un hábito. Te planteas uno de esos hábitos beneficiosos y postergas de una semana a otra el momento de empezar con él.

Entre que no hay urgencia por atender el asunto y que otros menesteres de tu vida te reclaman tiempo, lo vas dejando.

Esta experiencia es conocida por todos: La tarea, el proyecto o el hábito saludable te persiguen, en tanto no les des el SÍ o el NO definitivo. Y esa persecución es como la piedrecita en el zapato de la que hablábamos el otro día.

  • Quiero empezar con un hobby.
  • Quiero hacer algo de ejercicio.
  • Quiero mudarme a otra casa.
  • Quiero llamar a mi primo, que hace tiempo que no sé de él.
Esa “cosa” te persigue porque no has tomado una decisión: ¿Te ocupas ya? ¿La dejas definitivamente? ¿La postergas hasta una fecha determinada o indefinida?

Para tomar la decisión de una vez, tal vez te ayuden (y a mí también) estas preguntas.

semáforo en verde

1. ¿Quieres hacerlo?

Vamos a usar como ejemplo el ejercicio físico, pero puedes cambiarlo en tu mente por lo que sea que estés postergando, si es el caso.

¿Quieres hacerlo? ¿Te nace hacerlo de dentro? Puede que sí. O puede que nazca de la presión social, de tu pareja (que te insiste en que hagas ejercicio) o del médico, que te da ese consejo tan sano.

Por buenísimo que sea hacer ejercicio físico (que lo es) puede que la iniciativa no parta de ti. Y los asuntos donde no existe una motivación intrínseca por atenderlos son candidatos para la postergación.

A lo mejor en el caso del ejercicio y en otros que consideres importantes, te decides por generar esa motivación que te hace falta. Pero habrá asuntos (piedrecitas en el zapato) que podrás eliminar definitivamente de tu vida con la respuesta: “No, no quiero hacer eso.”

2. Si no lo haces, ¿se notará en el futuro?

Mira a largo plazo. Probablemente, si no haces ningún ejercicio físico, tu salud de aquí a 10 años (imaginemos) lo notará.

Hay asuntos que postergamos porque no pensamos en las consecuencias que nuestras acciones (o la falta de ellas) tendrán en un futuro. Y las habrá. Porque parte de nuestro futuro, si seguimos vivos, la decidimos con esas pequeñas cosas que hacemos cada día.

También descubrirás, muy aliviado, que dejar de hacer tal o cual cosa no impacta visiblemente en tu futuro. ¡Genial! Podrás tomar la decisión de hacer el asunto a un lado de una vez, quitándote otra de esas piedras que estorban.

3. Si decides hacerlo, ¿a qué renunciarás?

Observa qué se saldría de tu rutina para que pudiese entrar el ejercicio físico. Porque, sí, el espacio que va a ocupar el asunto lo está ocupando ahora otra cosa (dormir, trabajar, ver la tele… lo que sea).

Vale. También puedes hacer lo que haces ahora más rápido para conseguirle ese hueco al ejercicio. Pero este proceder tiene sus limitaciones. Llega el momento en el que, si sigues sumando actividades, no puedes estrujarlas para que quepan bien en 24 horas.

Habrá veces en las que descubras que el precio no compensa. La actividad que recortas o que se sale de tu vida tiene más valor que la que podría entrar.

Por ejemplo, te encantaría apuntarte a un curso que se imparte los sábados. Pero observas que no te compensa, porque tendrías que renunciar a pasar la tarde con los tuyos, que es más importante para ti. ¡Hala! Decisión tomada: Por ahora, nada de cursos.

Y otras veces sí estarás de acuerdo con el precio. La actividad que recortas es poco importante. A lo mejor llegas a la conclusión de que es buena idea dejar de ver deportes por un rato, para dedicar ese rato a practicarlos tú, por ejemplo.

Recapitulemos

Para tomar una decisión sobre ese asunto que te ronda en la mente (hábito, tarea, proyecto) considera estas tres preguntas:

  1. ¿Quieres hacerlo? ¿De verdad que sí?
  2. ¿Qué consecuencias tendría no hacerlo?
  3. ¿Qué saldría de tu vida al ocuparte del asunto?

Ojalá que te sirvan para decidir lo que sea… ¡de una vez! 😀

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