¿Tienes trabajo o tu trabajo te tiene a ti?

Tienes un trabajo. Pero también tienes cierta vida social y familiar, además de alguna afición u otros proyectos más allá del horario que dedicas a trabajar.

¿Cómo? ¿No es así? ¿Tu trabajo ha ido ocupando cada vez más horas hasta adueñarse de casi todo tu tiempo?

Esa es la realidad de muchas personas. El trabajo abarca la mayor parte de las horas que están en estado consciente.

en casa

El esclavo moderno

Unas veces ocurre porque no hay más bemoles. Dependes de tu trabajo a tal punto que, si no cobras ese mes, ocurriría una catástrofe.

  • No hay fuentes de ingreso adicionales.
  • No tienes ahorros que te permitan subsistir una temporada, hasta encontrar una opción mejor.
  • Las ofertas de trabajo escasean.
  • Tu formación no te permite acceder a ciertas oportunidades.
  • No estás en condiciones de desplazarte a otras tierras.
  • No cuentas con una red de apoyos para sacarte las castañas del fuego, en caso de que perdieras el trabajo.

En esa situación, tu trabajo te posee a ti. Tienes que pasar por el aro; trabajar las horas que te digan y en lo encarte. Y, si no te parece bien, adiós muy buenas.

Ese es un problema más difícil de resolver que el de casarte con el trabajo por afición o adicción. Porque las soluciones estarían en ir dándole la vuelta a esos puntos que hemos mencionado. Los que se puedan:

  • Buscar la manera de generar un pequeño ingreso.
  • Ahorrar, dentro de lo posible, por lo que pueda pasar.
  • Estar al día de las ofertas que vayan saliendo.
  • Formarte continuamente, para abrir tu abanico de opciones.
  • Explorar contactos.
  • Etc.

Eso, hasta llegar al día en el que, quizás, necesites seguir trabajando, pero tu grado de dependencia no sea tan agobiante.

Salir de esa situación no es fácil. Pero es posible, deseable y un buen objetivo al que encauzar tus esfuerzos.

El apasionado de su trabajo o el adicto trabajo

Que tu trabajo te apasione o que seas adicto al mismo son situaciones que se parecen, en tanto que el trabajo puede ocupar una gran parcela de tiempo (en detrimento de otras áreas).

Hay diferencias, que en una entrada anterior comentamos: ¿Eres adicto al trabajo o no es para tanto?

Básicamente, el apasionado, si quiere, desconecta del trabajo y vive otras experiencias. Y, además, halla satisfacción en las mismas. El adicto, no tanto. Este está varios pisos más arriba.

Según lo enganchada que esté la persona a su trabajo, se observarán signos como estos:

  • Las horas que pasa “en acción” (laboral, se entiende). Ocho o nueve diarias se le hacen pocas.
  • Sus conversaciones: El trabajo es su tema preferido. Y, en casos extremos, de lo único que le interesa hablar.
  • Los hobbies no existen. Esta persona está tan ocupada que ni se los plantea. O, quizás, los vea como una pérdida de tiempo, porque no les saca el rédito que quiere. ¿Relajarse? ¿Aprender algo nuevo? ¡Bah! Eso son chorradas.
  • ¿Vacaciones? Las necesita más que nadie. Pero, si es que se las toma, le entra el mono por trabajar.
  • ¿Tiempo libre? En su mente cada día se hace más borroso el recuerdo de la última película que vio. O, ¿cuándo fue que vivió una velada romántica o con los amigos? A saber.

Si la persona se da cuenta de que su existencia se halla consumida por el trabajo y quiere cambiar, puede resolverlo poco a poco.

A medida que vaya descubriendo que hay vida más allá de lo laboral y que puede divertirse, relajarse o apasionarse con un sinfín de actividades, podrá ir poniendo un poco de equilibrio.

Es algo que esta persona ha de valorar y decidir por su cuenta. Mientras tanto, más que tener trabajo, su trabajo la tiene a ella, para bien o para mal.

¿Cuál es tu caso? ¿Entiendes que, para algunas personas, el trabajo llegue a convertirse en el área más importante de sus vidas?

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