¡Es urgente! Quiero que termines esto para ayer

Ya que “el trabajo” es una actividad que suele repercutir en otras personas, puedes pasar por temporadas en las que la presión se multiplique. Tus “jefes” te meten prisa.

Con “jefes”, podemos referirnos a todas las personas que esperan una respuesta por tu parte a la mayor brevedad posible, en este caso (supervisores, clientes, proveedores, profesores o tu hijo de 10 años).

Quieren lo suyo. Y lo quieren… ¡YA!

El estrés es menor para quien goza de más autonomía en sus ocupaciones. Esta persona puede priorizar y organizarse como estime conveniente, dentro de que haya gente metiéndole prisa.

Peor está el tema para quien tiene escaso margen de maniobra. Llegan los “jefes”, muchos “jefes”. Cada cual, haciendo urgente lo suyo. Y la persona que ha de atenderlos no da abasto.

Además de la carga de trabajo, ha de vérselas con el agobio y la impotencia. Suponte que tiene más o menos encarrilado el día; ha decidido lo que va a hacer. Y los planes se le trastocan cuando llega un nuevo “jefe” con una emergencia más.

salvavidas

Apuntemos ideas para alguien que se ve en una situación así de estresante. En alguna ocasión, quizás a todos nos hagan falta.

1. Parar, pensar, responder.

Llega el “jefe” diciendo: Quiero que termines esto… ¡para ayer! Y a ti se te encienden de nuevo las alarmas. Él/ella ha decidido que se trata de una emergencia que has de atender cuanto antes.

¿Lo es realmente, comparado con el resto que tienes entre manos? Para saberlo, no respondas al instante. (Sí, jefe. Ya voy.)

Si puedes, tómate un pequeño espacio para pensar. (Desde luego,  jefe. Enseguida le contesto.) Y, una vez que cuadres los asuntos, le respondes contándole cómo o cuándo te ocuparás de lo suyo.

2. Aminorar el ritmo. Lo del refrán: Vísteme despacio, que tengo prisa.

Respira con calma. Concéntrate en lo que estés haciendo en ese momento, haciendo a un lado lo demás. Y progresa sin acelerones, para evitar despistes y errores sobre los que te cueste volver más tarde.

3. Usar herramientas.

Usa las herramientas o recursos que estimes convenientes para organizarte (una agenda, un calendario, una hoja de cálculo, tu aplicación favorita). Anota pasos, fechas, requisitos, etc., para evitar llevarlo todo en la cabeza.

De paso que descargas ahí la información, tu herramienta te ayuda a seguir un orden y a ir tachando de la lista lo que vayas completando. ¡Qué alegría!

4. Aliviar tensiones.

¿Qué ideas te funcionan para desestresarte? Cada uno de nosotros tiene un repertorio al que echar mano cuando el estrés aprieta.

Pasea, corre, juega, cocina, medita en un bello paraje… Acude a esas actividades que, en tu caso, te permiten despejarte y recobrar la calma.

5. Usar lo aprendido en emergencias anteriores.

De vez en cuando, cualquiera puede verse en una temporada así, de exigencias y prisas abundantes.

Una ventaja de pasar por estas situaciones es que, si se presentan de nuevo, tienes cierta experiencia para manejarlas. Utilízala.

Y, si suelen repetirse en condiciones parecidas, con más motivo. Quizás no tengas que improvisar, porque cuentes con un plan o guía de lo que te ha funcionado (y lo que no) en ocasiones anteriores.

Puede que sigan presentándose emergencias. Pero tú serás cada vez más hábil respondiendo ante ellas.

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