El efecto acumulativo de las distracciones hormiga

Para bien o para mal, las pequeñas acciones que realizamos habitualmente suelen acumularse. Hablaremos hoy del “para mal”, a fin de sacarle algún provecho.

Hay distracciones cotidianas a las que, total, por consumir un par de minutos a lo sumo, no les damos importancia. Pero con ellas ocurre lo mismo que con lo que llaman “gastos hormiga” (el café, una revista, unos caramelos…).

Los “gastos hormiga” son esas compras pequeñitas que realizas. En un día, no representan gran cosa. Pero, si te da por sumarlas al cabo del tiempo, descubres que han consumido bastante dinero.

Está bien llevar un control de esos gastos insignificantes, ¿no? Por eso asignas una partida de tu presupuesto a tu cafecito y a otros pequeños gastos que tengas, y no compras todo lo que se te antoja. Si lo hicieras, al final del año verías que has gastado un dineral.

Con el tiempo ocurre exactamente igual, aunque sea menos visible. Hay “distracciones hormiga”, que resultan insignificantes en un día cualquiera. Pero, si pudiéramos sumar cuánto tiempo representan al cabo del año, nos quedaríamos con la boca abierta.

vida de hormiga

Como ocurre con los gastos, cada cual es amo y señor de su tiempo. Tú decides en qué acciones o distracciones vas a invertir tu presupuesto de tiempo… y bien decidido está, mientras seas consciente de tu decisión.

La clave es ésa: Ser consciente de la inversión o del gasto; pensar sobre tus acciones y distracciones frecuentes, para decidir cuáles se quedan y de cuáles puedes prescindir.

Por ejemplo, yo apenas si tengo objetos decorativos en casa. Y una de las razones es el tiempo de limpieza que consumen. Ya ves, una insignificancia. A lo sumo, cinco minutos añadidos al trabajo doméstico.

Pero cinco minutos, pongamos, en una semana, son más de cuatro horas al cabo del año. En dos años, son más de ocho horas limpiando figuritas. ¡Oh, no!

A otra persona puede interesarle, porque se sienta bien rodeada de recuerdos entrañables o por otro motivo. Pero, en mi caso, no noto ningún bienestar emocional que compense el tiempo dedicado a la limpieza.

Aunque no los he medido, lo más seguro es que esos cinco minutos semanales (y más), se me vayan en la distracción de observar a los pajarillos que vienen y se van del árbol que asoma por el tejado de mi patio.

Sin embargo, con esta distracción estoy contenta. Me inspira. Me alegra la vida. No me asustaría hacer la cuenta y saber que se me han ido varias horas del año mirando a los pájaros. 😀

¿Has pensado tú en tus “distracciones hormiga”? ¿Has estimado el tiempo que consumen al cabo del año, por ejemplo? ¿Hay alguna de la que quieras prescindir?
Si te gusta la entrada, comparte, por favor...