¿Utilizas el “No puedo” para suavizar tus negativas?

Aprender a decir “NO” es crucial. Todos necesitamos esta palabra, que nos da espacio para enfocarnos en nuestras prioridades.

No siempre vamos a atender las peticiones de los demás. Por ello, muchos practicamos el arte de negarnos, pero sin sonar bordes. Aquí es donde llega el: “Disculpa, pero no puedo”.

El “No puedo” suaviza la negativa. Por eso lo usamos, incluso cuando no describe con justicia la realidad.

Si yo te digo que “no puedo” ir esta madrugada contigo a contemplar una lluvia de estrellas, porque necesito descansar para trabajar mañana, estoy dulcificando el “No” y tú lo sabes (no hay engaño).

La realidad es que “no quiero” dormir pocas horas. Para mí, hoy es más importante el descanso y recuperar energías, que salir a ver el firmamento nocturno (aunque me guste la idea).

Decir “no puedo” es menos brusco que decir “no quiero”. Precisamente por eso, hay ocasiones en las que no es tan efectivo. Quizás sea conveniente que nos fijemos bien en la situación para elegir una forma de negarnos u otra.

no pasar

¿“No puedo” o “No” a secas?

En The Science of Us referencian un estudio hecho sobre la cuestión y proponen que utilicemos el “No” diáfano para reforzar la negativa y evitar presiones.

En el estudio que citan, los participantes que decían: “No me salto el ejercicio” experimentaban más control de la situación que los que decían: “No puedo saltarme el ejercicio”.

Y es que cuando dices: “No puedo” dejas un espacio para debatir contigo mismo o para que otros te presionen intentando convencerte de lo contrario.

A ver, ¿qué te suena más determinante?

Sírvete un poco más.

(Tú) – No puedo. Estoy a dieta.  // – No quiero más. Gracias.

Necesito que hagas esto el fin de semana.

(Tú) – No puedo. Tengo que (…).  //  – No trabajo el fin de semana. Lo siento.

La segunda respuesta es más potente: quita presiones y te reafirma en tu postura. Ahí está para utilizarla cuando la situación se preste.

Rebajando la contundencia

Hay ocasiones en las que el “No puedo” es la respuesta que mejor se ajusta a la realidad.

Por ejemplo, si tú me pides que hable contigo en chino, te diré que no puedo. De momento, mis habilidades no llegan hasta ahí. No hay elección posible. Simplemente, no puedo (hoy).

Y otra ocasión que se presta para suavizar el “No” (sin que emplees el “No puedo”) es cuando el jefe te dice que hagas tal cosa y tú estás hasta las cejas de trabajo.

En casos así, podrías exponerle al superior que estás ocupándote de éste, el otro y el asunto de más allá, para que te sugiera cuándo y cómo quiere que atiendas lo nuevo que te encarga.

Eso, si te toca un buen jefe (o jefa). Porque algunos piden como si el trabajo se hiciera solo. 😆

En fin, por si te sirve: Recorta el “no puedo” en esos casos en los que quieras o necesites imprimir contundencia. (Yo practicaré también.)

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