La vida no es justa

Duro de encajar, pero ahí está. Definitivamente, la vida no es justa.

Y no solo es que haya un desequilibrio desde el momento en que nacemos. También lo hay en las cosas que nos suceden a lo largo de nuestra historia.

Nos encontramos a gente buena acosada por calamidades y a malvados que salen de rositas de sus fechorías.

Podemos indignarnos y exclamar: ¡No es justo!

Pero al final habremos de asumirlo y aprender a vivir con ello.

la vida no es justa

La vida no seguirá el guión de comedia desenfadada de final feliz que nosotros hubiéramos escrito. No siempre responderá a nuestras expectativas.

Si no nos despegamos del «No es justo», sufriremos incontables decepciones en el camino. La gente no va a comportarse como nosotros esperamos que lo haga. Sucederán cosas inesperadas y desagradables.

Y, pese a que de la impresión de que aceptar que la vida no es justa sabe a derrotismo, en realidad supone fortaleza.

Se necesita ser fuerte para aceptar la realidad tal cual es y, a pesar de todo, seguir adelante.

En lugar de esperar que esperar que la vida discurra de un modo determinado, podemos comenzar por comportarnos nosotros de un modo justo y por hacer nuestra parte lo mejor posible, cada día.

Una invitación al aire

Pocos nos vamos a librar de los golpes adversos de la suerte y de las injusticias que otros más agresivos decidan infligirnos.

Ya que es así, qué te parece si nos ponemos del lado de las personas que sufran de estos golpes. Simplemente con no juzgar de manera precipitada ni sumarnos al daño, estamos dando espacio para que se recuperen.

Eso es lo mínimo. Lo óptimo sería que nos preocupásemos de hacer lo que estuviese en nuestra mano para quitar hoy un poquito de sufrimiento allá donde podamos.

Si no lo hacemos así, ¿por qué a otro tendría que importarle nuestro dolor de hoy?

Ya que la vida no es justa, pongamos nosotros la compasión que falta. Porque, si no la pones tú y la pongo yo, no estará. Y la vida será peor.