No he hecho nada en todo el día: Cómo cambiar esa sensación

Llega el final del día y pronuncias una frase condenatoria: No he hecho nada en todo el día.

Vamos a ver qué hay detrás de esta sensación desagradable y de la frase en sí.

Pongámonos en situación. Te levantaste por la mañana con una lista de intenciones y llegaste a la noche con la impotencia de que las horas se quedaron cortas.

No eres el único. Si te fijas, te darás cuenta de que esta queja es muy recurrente y de que muchos hemos tenido este pensamiento alguna vez.

Sí, a mí también me pasa. 😆

Es frecuente en estos días, cargados de responsabilidades, de compromisos y de actividades.

Pero, ¿decir «No he hecho nada en todo el día» acaso no queda un poquito exagerado? Tal vez sea un pensamiento extremo.

no he hecho nada en todo el día: camión muy cargado sube una pendiente

Aprendamos la lección

En ciertos casos, el «No he hecho nada» es una frase perfeccionista y totalitaria. Lo que en realidad quiere decir es que lo que no has hecho eclipsa por su importancia a lo que sí has hecho.

Quizás te hayas pasado el día procrastinando o puede que, simplemente, te pusieras unos objetivos poco realistas para la jornada. En cualquier caso, en lugar de formular la queja, bien te vale aprender del fallo para no repetirlo mañana.

¿A ti solo? No. Esto nos concierne a muchos.

Vamos a observar los posibles errores, si te apuntas.

Preguntémonos qué ha podido ocurrir y cómo podemos manejar esa situación para la próxima vez.

No he hecho nada en todo el día… ¿Por qué?

sensación de no haber hecho nada en todo el día: caracol lento

1. La lista era muy larga

Lo que querías hacer no cupo en el tiempo disponible, bien por la cantidad de tareas o por la complejidad de las mismas. En este caso, sí has avanzado, aunque no todo lo que te hubiera gustado.

Propuesta: Deja de ser tan duro contigo y reconoce lo que sí has hecho. Para la próxima vez, ten en cuenta lo ocurrido y sé más realista estimando el tiempo.

Aquí tienes unas sugerencias: Cómo hacer una lista de tareas útil (que no te deprima).

2. Tu plan era demasiado exigente

Tu plan suponía una ruptura radical con tu rutina. Cuando llegó la hora de hacer una de las actividades difíciles, preferiste hacer lo de siempre, que era la opción conocida y más segura.

¿Jugar? ¿Ver la tele? ¿Cómo crees que “del tirón” vas a pasar dos horas estudiando si no estás acostumbrado?

Claro que puedes. Pero la resistencia es muy grande. Para salirte de lo conocido en pro de una opción más dura y difícil, has de hacerlo con maña.

Propuestas: Divide y vencerás. Empieza por poco. Planea unas acciones más asequibles la próxima vez y ve añadiendo dificultad en las próximas sesiones.

divide y vencerás: un hombre fuerte hace leña

3. Planeaste el “qué” pero no el “cómo”

Querías hacer un montón de cosas. Tenías una buena lista, pero no tenías “cómo” moverte por ella.

Propuestas: Cuando hagas tu próxima lista, da prioridad a las tareas más significativas. Dibuja en tu mente el recorrido, desde que empiezas hasta que acabas. Y sigue esos pasos.

Quizás se queden fuera tareas secundarias. Pero el avance con las importantes, te lo aseguras. Así la sensación al mirar lo que has hecho es más agradable.

PERO, ten cuidado: las tareas más importantes no son siempre las urgentes.

una mujer se ejercita (hace lo importante), ignorando por completo las notificaciones (urgentes) del teléfono

4. Admítelo: No tenías ganas

La falta de motivación no te impide hacer lo que quieres. Si para ti es importante hacer ejercicio y un día no tienes ganas, lo puedes hacer igual. Seguramente, después te sientas satisfecho por haber cumplido.

Pero eso cuenta cuando el ejercicio es importante para ti. Si hacer ejercicio NO es importante, es difícil obligarte a hacer todo el tiempo lo que NO quieres.

Propuesta: Sé sincero contigo. Si hoy no hiciste lo que planeaste porque no tenías ganas, distingue entre las dos cuestiones: ¿No tenías ganas HOY? ¿O para ti no es importante ese objetivo?

Tras esa reflexión, quizás quieras replantearte tus metas y trazar unas con las que sí puedas comprometerte.

persona deja de presionarse con una meta que ya no tiene sentido para ella: tocar el piano

5. Estabas hecho polvo

No eres de acero. Tu cuerpo y tu mente necesitaban un descanso. Pero tú decidiste exprimirte más. Naturalmente, no rendiste como cuando estás fresco.

Propuesta: Esa que estás pensando. El descanso te ayuda a ser productivo.

persona se va a descansar (con un osito de peluche)

6. Lo pensaste demasiado

Tenías fuelle. Tenías ganas. Pero te atascaste en la planificación (demasiado minuciosa) o en la indecisión de última hora.

Propuesta: Planear es eficiente, porque tienes una ruta a seguir y así avanzas más deprisa. No obstante, lo que dará resultados es… ¡la acción!

No necesitas el plan perfecto ni saberlo todo antes de empezar. Una vez que decidas hacer una cosa, ¡hazla!

Empieza con ella pronto, sin darle vueltas. Irás retocando el plan por el camino.

una persona con traje de superhéroe dispuesta a pasar a la acción

 

Poquito a poco, vamos aprendiendo de los errores. (Yo la primera.) Muy posiblemente, hay más y mejores explicaciones que estas que hemos mencionado en la entrada.

Lo que cuenta es que esa sensación triste o frustrante (de no haber avanzado hoy) puede ser una invitación para dar con algo que sí nos ayude a avanzar mañana. ¿Aprovechamos la experiencia?

Estudió y trabajó en Educación Especial. Desde 2010 escribe sobre desarrollo personal en esta página.

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