Esta es una breve reflexión sobre un sentimiento conocido para quienes ya tenemos unos añitos: la nostalgia.
¿Tú eres de los que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor? ¿Sueles idealizar el pasado? ¿Lo echas de menos con intensidad?
La nostalgia es un sentimiento de tristeza que nace al recordar tiempos felices que han quedado atrás.
Repetir, una y otra vez, que lo pasado jamás volverá hace más intensa la pena de quien se siente decepcionado por la realidad que vive.
El inevitable cambio ha arrasado con amores e ilusiones, dejando las cenizas con las que construir el recuerdo.
Ese recuerdo idealizado de un tiempo inalcanzable, irrecuperable, definitivamente perdido, se convierte en un refugio amargo pero deseado.
Se evoca el pasado con palabras, imágenes, canciones… Haciendo el fútil intento de revivirlo más allá de unos instantes.
Cuando cesan los intentos y el espejismo se desvanece, crece una pena en el alma, que empieza a descargarla en lágrimas.
Más o menos, ese es el retrato de la nostalgia, cuando vives intensamente el dolor de lo perdido.
Está bien. La tristeza es necesaria. Si no existiera, ¿quién podría valorar esos preciosos momentos?
Pero el dolor amargo que te ata al pasado, podrías transformarlo en una añoranza dulce, que no pesara tanto.

El lado bueno de la nostalgia
A ti te parece que un pasado amable quedó atrás cuando, en realidad, no hay ninguna pérdida. Los buenos tiempos nadie te los puede arrebatar. Mientras vivas llevarás contigo el tesoro de tus recuerdos.
Un tesoro que podrás abrir cuando quieras y que seguirá aumentando de valor.
Seguirá, si tú decides que así sea. Seguirá, si hoy mismo comienzas a construir la vida que deseas. Y seguirá, porque a pesar de las limitaciones, todavía te queda mucho por hacer y mucho por sentir, solo si tú quieres.
Y, respecto al tiempo que ya pasó, sigue llevándolo contigo.
El pasado ha construido tu presente
De mano de la nostalgia exploras las experiencias que te han llevado a ser la persona que eres.
Los recuerdos son importantes, ya que sin ellos no tendrías identidad.
Es una suerte que puedas conectar con aquellos días pasados para observar el camino que has recorrido desde entonces.
Un camino que continúa…
¿Dónde estás ahora?
Miras atrás para saborear esos buenos tiempos, que son parte de ti. Pero también lo son esos instantes que estás viviendo ahora.
La realidad es muy diferente. Te rodea otra música, otra gente y hasta puede que otra cultura.
Tu reto es desenvolverte ahora, tomar parte de lo que sucede alrededor. Porque «tu tiempo» no fue aquel tiempo del pasado. Este también lo es.
Desidealiza el pasado
El pasado, como el día de hoy, tuvo sus momentos grises y negros. Si les das más importancia a los que fueron de color rosa, tendrás la sensación de que aquel tiempo fue más feliz.
Quizás no lo fue. Al mirar el camino que has recorrido también has de fijarte en esos baches, en todas esas experiencias menos agradables que superaste.
Hay un poco de todo en el pasado y en el presente. Saborea lo bueno de ayer y también lo bueno de hoy.
Transforma la pena en gratitud. Que el recuerdo deje de ser una carga y se vuelva un impulso. Porque aún te queda mucho por hacer y mucho por sentir, solo si tú quieres.
Inspirado en: What’s So Nice about Nostalgia?, en Psychology Today.



