Cuando la felicidad se vuelve costumbre

Si algo te gusta mucho, muchísimo, lo aprecias más cuando lo disfrutas después de un tiempo, que si lo estuvieras viviendo todos los días. ¿O no?

Es como un día soleado, después de semanas de frío y lluvia, o como un día nublado y fresquito, después de tanto tiempo de solazo y calor sofocante.

Y esto ocurre con todas esas pequeñas cosas que te hacen feliz: tu plato favorito, una fiesta, la Navidad, un día de descanso, etc.

Cuando se repiten cada día esos mismos momentos, por muy agradables que sean, pueden pasar tres cosas.

felicidad en primavera
  • Que te acostumbres a ellos (y por eso dejes de darles valor).
  • Que te canses.
  • O que se conviertan en una necesidad de la que no puedes prescindir.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que es mejor privarse o postergar esos momentos para vivirlos más intensamente cuando llegan?

¿Que mejor no acostumbrarse a algo por si lo pierdes justo cuando más lo necesitas?

Barajemos respuestas:

  • Concienciarnos de que no tener todo el tiempo lo que más nos gusta, hace que lo disfrutemos más cuando llega.
  • Gratitud: Nos conviene aprender a re-apreciar lo bueno que nos rodea y a lo que ya estamos tan acostumbrados.
  • Variedad: Ser capaces de disfrutar de un buen abanico de momentos o cosas diferentes nos da la oportunidad de apreciar unos cuando falten los otros.
  • Equilibrio: Nos haremos a la idea de que continuamente viviremos combinando los verbos: querer y tener. No es lo ideal querer todo el tiempo y no tener; pero tampoco lo es tener tanto, que incluso se tenga lo que no se quiere.

¿Y qué pasa con las relaciones personales? ¿Nos podemos aburrir o cansar de estar con una persona, a pesar de lo mucho que deseábamos estar con ella al principio?

Eso ocurre. Y ahí es donde, especialmente, hemos de abrir los ojos y apreciar lo afortunados que somos por estar al lado de esa persona, si es el caso. Caigamos en la cuenta: Ninguna relación dura para siempre.

Y, si la rutina o la costumbre nos ponen esto difícil, introducir variedad en esos momentos que compartimos con él/ella. Es cuestión de explorar opciones.

Conclusión: Lo bueno, cuando se vuelve costumbre, se convierte en mediocre o, en el peor de los casos, en una esclavitud.

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