¿Cambiar de golpe o poco a poco?

Ante ti está la posibilidad de hacer un cambio. ¿Qué eliges: que sea de golpe o ir poco a poco?

No, no tienes que escoger con cuál te quedas en general. Es de suponer que dependerá de la situación y de tu preferencia en ese momento.

Hay situaciones en las que muchos de nosotros escogeríamos el cambio radical. Por ejemplo, si hay que hacer reformas en la casa y el presupuesto lo permite, yo preferiría que se hicieran de una vez.

La incomodidad dura menos que haciendo este mes una reforma, al mes siguiente, otra… Así, hasta acabar.

Ésa es la principal ventaja de cambiar de una vez: es rápido. Y, según lo que cambies, mucho más motivador que el cambio lento y progresivo.

Imagina que, después de las reformas, mi casa queda maravillosa: libre de desperfectos, limpia, despejada de trastos, etc. Ese maravilloso cambio puede motivarme a mantenerla en buen estado en lo sucesivo.

Es más motivador que lo que estoy haciendo ahora: ir sacando trastos y arreglando desperfectos despacito y por mi cuenta. El progreso tarda más en verse.

tortuga

¿Cuáles son las virtudes del cambio lento?

Leyendo lo de arriba, parece que gana el cambio drástico, pero no. Como te digo, depende de la situación.

El cambio progresivo suele ser más ventajoso cuando necesitas cimentar hábitos para sostener dicho cambio.

Se ve muy claro con las dietas de adelgazamiento. La gente que las sigue pierde peso rápido. Sí, pero muchas de estas personas no aprenden a comer de un modo diferente. Por tanto, cuando dejan la dieta, vuelven a recuperar los kilos.

Ése es el problema con los cambios rápidos: Son más arriesgados que los lentos.

Después de que la casa queda divina con la reforma, yo corro el riesgo de caer en mis viejos hábitos de descuido y desorden, porque he tenido poco tiempo para construir unos diferentes. Y, si caigo, al poco tiempo estará otra vez que da pena mirarla.

Con un cambio lento, el riesgo se reduce, ya que voy adquiriendo la costumbre de dedicar ciertos días a limpiar y a mantener la casa. Así que, cuando acabe de reformarla (aunque tarde un lustro), voy a estar en mejores condiciones de sostener ese cambio.

¿Y una solución intermedia?

¿Por qué no? Así combinarías las virtudes del cambio drástico con las del cambio progresivo.

¿Cómo hacerlo? En el ejemplo de las reformas, mezclando los arreglillos lentos con cambios más visibles y rápidos.

En el ejemplo del cambio de los hábitos alimenticios, eliminando las gaseosas o tomando sólo una al mes (que sería un cambio radical) y combinando esto con el progresivo estreno en nuevos sabores y comidas saludables (siguiendo las pautas de un nutricionista profesional, desde luego).

Alternarías cambios rápidos, con los que podrías ver progresos claros para motivarte, con cambios lentos, para consolidar los nuevos hábitos.

Esto es para que veas que, cuando decides hacer un cambio, también es interesante que decidas cómo lo vas a hacer para adaptarlo a tus hábitos y preferencias. Ya ves que aquí también tienes dónde elegir.