Más de treinta países utilizan este recurso. Los paquetes de tabaco han de advertir del peligro de su consumo a quienes deciden comprar el producto.
En España, desde mayo de 2016, la advertencia ocupa el 65 % del paquete y está colocada en la parte superior del mismo.
La práctica avanza en esta línea: que cada vez sea más llamativa la advertencia.
Cuando comenzó esta práctica, los primeros mensajes eran textos con un mensaje general (“Fumar mata”, entre ellos).

Los actuales nos enseñan imágenes muy desagradables, ilustrando consecuencias a largo plazo; especifican dolencias concretas que pueden afectar al fumador e incluyen los daños a terceros (niños, amigos, mascotas…).
Los estudios revelan que las imágenes son más efectivas que solo el texto. ¡Pues, hala, a poner imágenes llamativas! Y, también, que funciona referirse a las personas amadas del fumador, a quienes este (o esta) les menoscaba la salud a diario.
¿Funciona detonarle la culpa al adicto? ¿Funcionan las imágenes desagradables para invitarlo a plantearse dejar el vicio?
El grupo de fumadores rebeldes
Hay un grupo de fumadores para quienes NO funcionan estas advertencias. Todo lo contrario. Interpretan las imágenes y mensajes de las cajetillas como un intento de manipulación; ¡un recorte de su libertad!
Más defienden esa idea, cuando los responsables de las campañas anti-tabaco utilizan algunas imágenes sin autorización expresa o vendiéndote que un hombre está entubado por problemas con el tabaco, cuando se operaba de una dolencia que no tenía nada que ver (véase esta noticia).
Sin embargo, a pesar de ciertos resbalones en las campañas publicitarias, los fumadores saben que el suyo es un vicio muy dañino. Las imágenes dramáticas se lo recuerdan.
Unos se encallan en la rebeldía (“A mí nadie me dice lo que tengo que hacer”). Otros, tratan de no mirar mucho el paquete o de colocarle una funda para ocultar el mensaje. Y otros cuantos, al encontrarse con esos mensajes tan directos, fuman más que antes.
Pues, sí. Este grupo también está estudiado. Los fumadores, que no se ven capaces de desengancharse, se sienten impotentes, ansiosos. Y esa misma incomodidad propicia que fumen más.
(Recordemos que tabaco y emociones incómodas van de la mano para los fumadores.)
¿Concluimos con que las advertencias de los paquetes de tabaco NO son muy efectivas? Si nos quedamos en este apartado, sí. Pero nos queda el otro lado de la balanza.
Personas que agradecen que existan estas advertencias en los paquetes de tabaco
Entre los propios fumadores recalcitrantes, los hay que opinan favorablemente sobre estas campañas tan visuales, directas y agresivas. Quizás muchos de ellos piensan más allá de sí mismos: en los que nunca han fumado.
➜ Ese es un grupo que se beneficia de esta práctica. Una persona que está empezando a fumar (o que piensa en hacerlo) NO asocia el contenido del paquete a algo positivo, como pasaba antes, cuando las tabacaleras se anunciaban en la tele y cuidaban el diseño de sus productos.
➜ ¿Otro grupo? El de los ex-fumadores. A esta gente, que se las vio moradas para dejar el tabaco, también le ayudan estas advertencias. Es probable que le den una pensadita antes de recaer.
➜ ¿Otro más? El de los fumadores que saben que “fumar es malo”, pero ignoran hasta qué punto. De estos cada vez hay menos, pero los sigue habiendo.
Una campaña con imágenes en los paquetes de tabaco es más barata que otro tipo de campañas y sí demuestra ser efectiva, a tenor de lo que muestran los estudios (que los hay a patadas, por cierto). No solo beneficia al grupo de quienes fuman actualmente, conscientes del riesgo que corren.
Y, entre ellos, los fumadores enganchadísimos, también ha de haber receptivos al mensaje de las cajetillas.
Ese mensaje no quita las ganas de fumar. Pero puede calar en unos cuantos adictos que decidan plantearse la posibilidad de dejar de serlo. ¿Pocos? Buenos son.
A partir de aquí, decide tú. ¿Son útiles las advertencias que salen en los paquetes de tabaco?
