La dificultad de dejar de fumar va más allá de vencer la adicción física. Para los fumadores, el tabaco lleva años instalado en nuestra vida, ligado a nuestros hábitos y, por si fuera poco, sirviéndonos de bálsamo para templar las emociones.
¿Estás nervioso? ¿Te sientes presionado por el estrés? ¿La tristeza te ronda? Ahí está el cigarrillo, que viene al rescate.
Fumar no es la única manera dañina de manejar las emociones. Otras personas las aplacan con la comida o con el alcohol. Pero seguro que estamos de acuerdo en que hay alternativas más sanas para desahogarse.
Entre ellas:
- Llorar a caños, hasta exorcizar todo rastro de pena.
- Charlar con un amigo.
- Dar un paseo por un lugar bonito.
- Hacer abdominales hasta cansarse.
- Bailar, brincar, trotar…
- Tomar un baño largo y relajante.
- Practicar sexo.
- Beber tila.
- Etc.
Si será porque no hay opciones…

Cuando éramos niños, pataleábamos un rato y después nos íbamos a jugar. Ni el tabaco ni leches alucinógenas o nocivas nos hacían falta para regularnos. Y eso que entonces desconocíamos lo que significaba la palabra «autocontrol«.
¿Por qué de adultos nos falla el coraje para manejar las emociones? ¿Por qué aplacamos las sensaciones incómodas con sustancias o costumbres dañinas?
Buena noticia: Eso puede cambiar
Del mismo modo que nos fuimos acostumbrando a fumar para «relajarnos», podemos sustituir ahora esa opción por otra (o por un buen abanico de ellas).
¿Es difícil? Más bien, cuestión de hacer los intentos que hagan falta y de ir probando las opciones relajantes que funcionen mejor para cada persona; para ti. Sí, para ti.
Muchos llevamos fumando tantos años que nos cuesta recordar qué era lo más efectivo, aquello que nos hacía volver a la calma. ¡Lo descubriremos ahora!
Reconquistaremos el poder perdido y recobraremos el timón sobre nuestras propias emociones. Podemos elegir otra cosa que no sea nicotina para anestesiar los nervios y las penas.
¿Qué digo? Anestesiar, no. Manejar es la palabra.
Y el manejo, ya de adultos, comienza por aceptar que las emociones son cambiantes. Vienen y van. Ya tranquiliza ver que no nos enfrentamos a un monstruo, sino a una situación temporal, que se desvanecerá dejando paso a otra distinta.
¿Nervios, tristeza, estrés, cabreo monumental?
Descubriremos o reaprenderemos la mejor manera de dejar salir esas emociones y de canalizarlas… ¡sin nicotina!
Ya verás que sí.
Imagen de Jose M Vazquez
