Hablar en voz alta con uno mismo (el soliloquio) es un recurso sencillo y útil en diversas situaciones. Ahí está para quien quiera sacarle partido.
Si bien, es cierto que hay ciertos prejuicios sobre esa práctica.
Uno de ellos es que es el reflejo de algún trastorno mental. Y, otro, que es más frecuente que hablen solas las personas solitarias o introvertidas, ya que se relacionan con menos gente.
Pero el soliloquio no tiene porqué ir de la mano con una patología y, en cuanto a lo segundo, son las personas extrovertidas las más propensas a conversar consigo mismas.

Lo de los extrovertidos se explica porque tienen una mayor tendencia a sacar al exterior sus pensamientos y emociones.
¿Qué pasa si no hay nadie alrededor? Pues que pueden verbalizarlos en voz alta y quedarse tan anchos.
Los introvertidos no sienten tanta necesidad de airear lo que pasa en su mundo interior. Están más acostumbrados al silencio.
También nos apuntaba el psicólogo Rojas Marcos que el soliloquio rebaja la tensión emocional. Las palabras ayudan a que salga fuera de uno ese malestar acumulado.
Y añadimos más ventajas de hablar a solas
- Sirve para retener datos en la memoria.
- Para ensayar alguna situación social.
- Para ordenar los pensamientos, cuando se agolpan en la cabeza o pasan a gran velocidad.
- Para expresar y saborear la alegría: «¡Sí, sí…! ¡Lo conseguí!«
- Para animarse a sí mismo: «¡Venga, que tú puedes!«
¡Claro! Hablar solo tiene ventajas, lo mismo que soñar despierto. Todo está en cómo y para qué se haga uso del recurso que sea.
Porque, hay que decirlo todo, en ocasiones esa verborrea solitaria sí puede estar ligada a un problema de salud mental.
Hay que ponerle freno en estos casos
- cuando el soliloquio se convierta en una costumbre demasiado frecuente e incontrolable,
- cuando el diálogo con uno mismo se base siempre en sucesos negativos o en auto-descalificaciones y, sobre todo,
- cuando se escuchen misteriosas voces que digan: «Mátalos. Mátalos a tooooodos…«
Mientras, para qué. Así es que, si vas en coche y te sorprendes a ti mismo repasando en voz alta la lista de la compra, no te preocupes. Es una idea estupenda. 🙂
