7 Razones por las que te cuesta ser disciplinado

¿Crees que te cuesta ser disciplinado? Enseguida vas a saber por qué.

Imagina a una persona cualquiera que quiere adquirir o cambiar un hábito cualquiera. ¿La tienes ya en mente?

Esta persona comienza a realizar a diario la acción que sea. Los primeros días, le va bien. Después se da cuenta de que las ganas iniciales se van desinflando.

Él/ella descubre que la motivación no siempre está ahí antes de iniciar (o inhibir) la acción y que necesita tirar de una fuerza diferente para enfrentarse a lo que tiene delante.

¿Cuál? ¿Fuerza de voluntad? ¿Disciplina? Rayos… Yo no tengo de eso ni lo tendré.

Ahí tenemos la primera razón por la que una persona tira la toalla ante la disciplina. Si te parece, hagamos recorrido por otros obstáculos frecuentes, comenzando por éste mismo.

1. La idea de que la disciplina es una “virtud” con la que se nace

No es así.

Aunque haya personas con más facilidad que otras (como en todo), a ser disciplinado se aprende.

2. La pereza o la procrastinación están muy arraigadas

Todos tenemos la tendencia natural a ahorrar energía (esto sí viene de fábrica).

Hay quien adopta este comportamiento a tal punto que evita involucrarse motu proprio en actividades que requieran esfuerzo o constancia. Y, si lleva tiempo haciéndolo así, le cuesta practicar la actitud contraria.

3. La asociación disciplina = sufrimiento

Suele realizarla quien le da gran importancia la privación del placer momentáneo, dejando de ver la satisfacción de lograr un bien mayor. Quizás porque no ha saboreado esta experiencia.

4. Una salud deteriorada

Cuando estás cansado o te sientes mal, no es el mejor momento para comenzar a ser muy disciplinado. Para eso hace falta energía.

Si bien, puedes ir practicando acciones pequeñitas para ir sintiéndote mejor y, poco a poco, iniciar la tendencia contraria.

5. Una baja autoestima

Una persona adquiere (o cambia) ciertos hábitos porque desea hacer algo por y para sí misma.

Si no le importa cómo esté, ¿qué caso tiene?

débil

6. La falta de metas

Falta de objetivos, por falta de confianza en sí misma, miedo al fracaso, escasa motivación…

La disciplina se enfoca en un bien deseado: eso que deseas que forme parte de tu vida. Y eso mismo es lo que da la fuerza para hacer a un lado las distracciones.

(Hablando de ellas…)

7. Un entorno abundante en distracciones

Las tecnológicas, por ejemplo. Y, si estás rodeado de gente un pelín pasota, perezosa o caprichosa, ni te digo.

Cuando estás expuesto a un exceso de distracciones o tentaciones, más esfuerzo has de hacer para resistirte a ellas en un momento dado.

(Puedes sucumbir a éstas o a otras más tarde o del modo que tú elijas.) 🙂

 

Ahí está. Hemos visto unas cuantas razones por las que a una persona cualquiera le cuesta ser disciplinada con una acción. Puede haber otras, claro.

El punto es que, si de veras le interesa adoptar esta actitud, reflexione sobre cuál puede ser el obstáculo para poder abordarlo. No tiene por qué conformarse o abandonar lo que ha elegido que forme parte de su vida.

Si puede aprender a ser un poquito más disciplinado y piensa que eso le va a beneficiar, ¿por qué va a detenerse?


Categoría: