Este post es una celebración. Yo solía ser una persona madrugadora, pero el año pasado por estas mismas fechas tenía el horario cambiado. No conseguía madrugar ni por asomo.
Probé con distintos trucos y remedios para levantarme rápidamente por la mañana (porque de ésos conocemos todos un buen puñado).
Unos me fueron bien y otros, que me funcionaron en anteriores ocasiones, no me resultaron.
A continuación, comparto contigo los más efectivos en mi caso. Gracias a ellos, después de unos cuatro meses de práctica, puedo dar por consolidado el hábito: ¡Lo conseguí!
He aquí mis…
Tips para madrugar

1. No preocuparme por la hora de ir a dormir
Mi idea inicial era ir acostándome y levantándome más temprano progresivamente, pero este truco (muy sensato) no funcionó conmigo.
Total, que lo hice a la brava: Comencé a levantarme a las cinco de la mañana y, al poco tiempo, se reguló mi hora de ir a la cama. A las diez de la noche ya tengo sueño.
2. Cortar con el estrés
Las broncas y los asuntos sin resolver durante el día estropean el descanso y hace que cueste más madrugar. Tú, ¿qué haces cuando el estrés no te deja dormir bien?
En mi caso, no espero encontrar paz al quedarme dormida. Dedico un buen rato antes a relajarme y a desconectar de las tensiones.
Una cosa que me ha ayudado muchísimo es no «ingerir» noticias por la noche, ni eso, ni polémicas de terceros.
3. No comer durante un buen rato antes de dormir
¿Te ayuda a conciliar el sueño un buen vaso de leche caliente? Adelante.
A mí lo que me ha funcionado mejor es no tomar nada (salvo agua) un par de horas antes de ir a la cama.
4. Alarmas estratégicamente colocadas
Al principio, cuando me costaba mucho despegarme del colchón, necesité tres alarmas distribuidas por la habitación. (Mis vecinos deben odiarme.)
Ahora tengo con una, por suerte para todos. Y, a días, me levanto antes de que suene.
5. Tener un compromiso matinal
Cuando te están esperando a primera hora de la mañana, madrugar cuesta menos.
En mi caso, encontré un compañero de madrugones. Todos los días, a las seis de la mañana, nos vemos para ir a ejercitarnos en el parque y liberar las primeras endorfinas del día.
6. Dejar la ropa preparada
Los preparativos de la noche anterior son de gran ayuda. Cuanto más fácil puedas ponerte el paso a la acción, tanto mejor.
Ahorras en tiempo y en fastidio si, como yo, dejas la ropa (o lo que necesites a primera hora) listo desde la noche.
7. Hacer algo agradable y disfrutarlo
No es lo mismo levantarte para estudiar, por ejemplo (suponiendo que no te apetezca lo más mínimo), que madrugar para realizar una actividad que te haga sentir bien.
Como te digo, pocos minutos después de vestirme, estoy dando brincos por la naturaleza. (Quizás yo sea un poco rara, pero a mí ninguna fiesta me gusta más que ver amanecer.)
Lo que cuenta es que tú elijas lo tuyo. Si a ti te gusta más desayunar con calma y leerte el capítulo de un libro emocionante, ¡disfrútalo! Sea lo que sea, trata de pasarlo bien.
Porque, cuando consigues madrugar y lo haces de buen ánimo, el resto del día es más llevadero y te cuesta menos madrugar las siguientes veces.
Si algo de lo anterior te sirve, ¡doble celebración! Qué buen día éste.
