¿Y si das con un buen compañero de objetivo?

Llamemos “compañero de objetivo” a ese aliado que comparte el mismo objetivo que tú.

Si por tu cuenta te resulta difícil arrancar o ser consistente, podrías aliarte con otra persona. ¿No dicen que “la unión hace la fuerza”?

¿Quién puede ser tu compañero?

Tu pareja, un amigo, un vecino, la dependienta que coincide con tus vicisitudes o cualquiera de esas personas que se reúnen en una página de internet para compartir información y motivación acerca del objetivo que se trate.

Las ventajas que tiene contar con un compañero (o con más de uno) las repasamos al hablar de un objetivo en particular: hacer ejercicio con regularidad.

Pero también se hacen extensibles a otros objetivos: crea compromiso; es más ameno; es más motivador y socializas.

mano tendida

¿Cómo eliges a un buen compañero para ti?

Dar con un compañero es sencillo. Dar con uno que sea bueno para ti es un poquitín más difícil.

Valgan estas preguntas para evaluar la idoneidad de un compañero:

• ¿Sus metas son similares a las tuyas? En el caso del ejercicio, por ejemplo, tú decides que quieres practicarlo 5 días a la semana durante 1 hora.

Cuando más se parezca lo que quiere el compañero, más fructífera puede ser la alianza.

• ¿Sus horarios son compatibles con los tuyos? Es preferible dar con alguien con quien puedas coincidir sin que a ninguno de los implicados le suponga demasiado trastorno. De lo contrario, la consistencia peligra.

• ¿Comparte un nivel de entusiasmo parecido al tuyo? Si tú estás comprometido hasta la médula con tu objetivo, necesitas encontrar a alguien que esté, más o menos, en la misma onda.

• ¿Su carácter va con el tuyo? El fin de tener un compañero es ayudarse mutuamente o animarse en los momentos más duros.

¿Qué tal si das con alguien que te estresa con su afán de competir, con sus lamentos o con cualquier costumbre que no vaya con tu estilo? Para eso, mejor vas a tu bola o sigues buscando.

Cuanto mejor liga hagas con el compañero, mayor será el beneficio para ambos.

Tal vez no lo encuentres fácilmente. O, quizás, la vida te sorprenda y un día coincidas con él/ella en la sala del dentista. ¿Quién sabe? El chiste es que, si te apetece compartir tu camino con alguien, lo busques.

A mí me encanta madrugar, ahora que tengo la costumbre. Pero, antes de tenerla, me costaba horrores ser consistente. Gracias a que encontré un compañero de madrugones, me fue más sencillo adquirir el hábito.

Lo mismo puede pasar con cualquier otro objetivo. Considera si tener un compañero (al menos al inicio, hasta echar a andar ágilmente) podría beneficiarte. Y, ¡hala! ¡A conquistar el mundo juntos!