¿De qué sirve tener tiempo cuando te falta la energía?

Dedicamos muchas entradas a reflexionar sobre lo importante que es aprovechar el tiempo, nuestro recurso más valioso.

No obstante, ¿de qué sirve tener tiempo cuando te faltan las fuerzas para hacer buen uso del mismo?

Pensemos en una persona que, llegada la tarde, encuentra un hueco para hacer eso que está en su lista de proyectos pendientes (practicar un deporte, aprender otro idioma, buscar pareja, leer clásicos de la literatura universal… o lo que fuera).

Un poquito de tiempo sí tiene. Pero ocurre que, a esas horas, está tan hecha polvo, que ni la mente ni el cuerpo le siguen en una actividad que demande más esfuerzo. Opta por algo menos cansado, como ver una película, lo que pongan en la tele o lo que encuentre por Internet.

Después, puede que esta persona se justifique con el socorrido: “No tengo tiempo.” O que se sienta mal, porque admita que sí tiene un poco de tiempo. En ese caso, quizás se tache a sí misma de vaga o de que le falta fuerza de voluntad.

Visto el panorama, tiempo tiene; voluntad, también. Lo que le falta es la fuerza.

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Sin fuerza no hay voluntad que valga

Venga. Apuntemos ideas para solucionar la falta de fuerza, de energía física y mental.

Tenemos dos líneas a explorar: (1) Reponer la energía que gastamos. (2) No malgastar la que tenemos.

(1) Reponer la energía

Esto sabemos de sobra en qué consiste: dormir y comer para repostar, que es lo básico de lo básico.

También ayudan a reponer energía los descansos, incluidos los que se intercalan a lo largo del día, y otras actividades, como el ejercicio físico.

(2) No malgastar la que tenemos

Entre otras cosas, ¿qué resta energía?:

  • Compromisos extra. (Propuesta: Reduce. Quítate de en medio los no esenciales.)
  • Alternar entre varias actividades. (Haz tus cosas de una en una.)
  • El exceso de información y de estímulos, en general. (Sé selectivo con lo que dejas entrar en tu mente.)
  • El exceso de decisiones que tomar. (Construye hábitos y automatiza decisiones.)
  • Las interacciones con gente negativa. (Relaciónate más con la gente que suma.)
  • El exceso de preocupaciones. (Date un tiempo para preocuparte y, el resto, desconecta.)
  • Tareas y problemas sin resolver. (Piensa menos y actúa más, si ése es el punto.)
  • Acostarte tarde. (Respeta tus horarios siempre que puedas.)
  • El sedentarismo. (Pon movimiento en tus días.)

Como ocurre con el dinero y los gastos hormiga, se va un poco de energía aquí y otro allá, sin que nos demos cuenta. Y, si no hacemos algo al respecto, llegamos a nuestro tiempo libre con el saldo de energía casi a cero.

Por tanto, cuando la falta de tiempo no es el verdadero problema; cuando sí hay voluntad y lo que falta es la fuerza, donde hay que echar un ojo es aquí: en cómo reponemos o gastamos la energía.

Si es tu caso, no hace falta que hagas “bien” todo lo anterior. Con que te ocupes de los puntos que tú creas convenientes, eso que ahorras en energía para hacer lo que te dé la gana con ella.

Lo que es una lástima es que la falta de fuerza sea el impedimento para hacer tu voluntad. Busca la manera de hacer lo que quieres. Hazlo por ti.