Hay circunstancias que ayudan a despertar de buen ánimo. Por ejemplo: amanece un día primaveral y, a diferencia de los días anteriores, puedes tomártelo con calma y dedicarlo a tus actividades preferidas.
Otras circunstancias empujan al bajón anímico. Como cuando te levantas para seguir con la misma pelotera de tensiones y trabajo a los que no consigues ver la punta.
Quedémonos con las circunstancias menos favorecedoras para despertar con la sonrisa en la boca.

Te levantas con el cuerpo entumecido y el cerebro, también. Los primeros pensamientos que genera se mueven en torno al cansancio y al fastidio.
Quizás necesites el café mañanero para entonarte y abrirle la puerta a pensamientos más positivos… Aunque no siempre resulta. Sales de casa tenso y cabreado.
1. Muévete
Vale que programes a esta hora tu sesión de ejercicio sudoroso. Pero también valen unos simples estiramientos o caminar un poquito por el exterior.
Hablando del exterior, los espacios naturales obran maravillas en el estado de ánimo. Levantarse un poquitín antes para airearse por la mañana es un tiempo bien invertido.
2. Respira profundamente
Esto lo puedes hacer justo antes de poner un pie fuera de la cama, cuando sales a la calle o en cualquier momento. No hay excusa.
Si estás un par de minutos fijándote en las sensaciones que experimentas mientras respiras y sólo en eso, ya estás haciendo una mini-meditación. Y, desde luego, sirve para relajarte.
3. Disfruta de la ducha
¿Fría o caliente? Como tú necesites o prefieras.

El agua caliente…
- Tiene efecto descongestivo, si andas resfriadillo.
- Relaja los músculos (espalda, hombros, cuello…).
- Propicia la liberación de oxitocina, que según los estudios también ayuda a que te sientas menos estresado.
El agua fría…
- Te despierta física y mentalmente, con lo que se desvanece la fatiga.
- Es estupenda para hidratar la piel y el pelo.
- Durante 2 ó 3 minutos, es recomendada por algunos expertos para el tratamiento de la depresión. (Pero no está de más que lo consultes con un médico antes de probarlo.)
Esta actividad también puedes aprovecharla para perderte en la experiencia. Deja de pensar en lo que vas a hacer hoy y recréate en las sensaciones que te brinda el agua en contacto con tu cuerpo.
4. Incluye una actividad placentera
Si ninguna de las anteriores está entre tus favoritas, piensa en esa cosa que te pone de buen humor. ¡Y a por ella!
¿Qué será? Un desayuno rico (y saludable), un abrazo o un beso a quien viva contigo, una canción que puedas tararear mientras te arreglas, etc.
5. Piensa en qué vas a hacer hoy
Para terminar de encarrilarte hacia el buen humor, piensa en lo que vas a hacer hoy, porque puedes y porque quieres hacerlo.
O piensa, simplemente, en lo que más te guste: una persona especial que forma parte de tu vida o a quien vas a ver, el ratito estupendo que te espera por la tarde, tus próximas vacaciones, etc.
Imagen de JF Sebastian
