No es debilidad. Es desinterés.

Eres fuerte. Que no te convenzan de lo contrario.

Eres fuerte cuando admites tus errores, cuando te disculpas, cuando pides ayuda y cuando expresas lo que sientes frente a las personas que te importan.

Eres fuerte porque estás siendo honesto contigo y con quienes son importantes para ti.

Y también eres fuerte cuando evitas discusiones y polémicas con terceros que no te importan tanto. No por miedo, sino porque no te interesa dedicar tu energía a satisfacer las expectativas de otros.

desinterés

Ellos quizás interpreten ese gesto como debilidad. Quizás piensen que te falta carácter, que no sabes defenderte, que no eres capaz de dar la cara…

¿Qué más da? Tú sabes qué hay detrás de tu respuesta. Si no te apetece…

  • no necesitas gritar como un energúmeno cuando otro te provoca,
  • ni contestar en plan borde para demostrar firmeza,
  • ni invertir tu precioso tiempo en sacar a otro de tu error,
  • etc.

No tienes que probarles nada. Cada situación y cada individuo que aparece por tu vida no se merece un despliegue monumental de energía.

¿Te apetece entrar al trapo? Entra. ¿No tienes ganas? No entres.

Si lo consideras oportuno, salda el asunto con: «Sí. Muy bien. Gracias

Puedes elegir entre una y otra opción. Y, si eliges la segunda, tú sabes que no estás siendo débil. Estás preservando tu energía, respetando tus prioridades y mostrando un total desinterés por enredarte en líos que no te compensan.

Imagen de HikingArtist.com