Cómo ir más despacio cuando todos corren

Yo también me lo pregunto. Cómo ir más despacio, cuando la velocidad se ha convertido en una enorme virtud. Y con razón.

  • ¿A quién le gustan las páginas de Internet que cargan despacio?
  • ¿Quién quiere hacer un pedido exprés que se demore eones en llegar?
  • ¿Quién prefiere eternizar un trabajo cuando lo puede acabar rápido?

La velocidad hace la vida agradable en un sinfín de terrenos. Cada vez nos acostumbramos más a ella. Se ha convertido en una necesidad para muchos, en una adicción.

Será porque allá donde miramos nos ofrecen una alternativa rápida como la mejor. Y compramos el mensaje: ¿quién quiere lo lento cuando existe la opción rápida para la misma cosa?

Pero resulta que…

Lo rápido no es siempre lo mejor

Al menos, no es lo mejor para algunos de nosotros. O no lo es en muchos momentos.

comida rápida

La lectura rápida. Es genial. Absorbes más conocimientos en menos tiempo. Pero no es tan apetecible cuando lees por placer o cuando te apetece reflexionar con calma mientras exploras nuevas ideas.

La comida rápida. Muy conveniente, aunque no sea siempre la opción más saludable, como ya sabes. Y ni de lejos brinda el disfrute de una comida tranquila en buena compañía.

Las conversaciones rápidas… y con mucha gente. La mensajería instantánea y las redes sociales lo ponen muy fácil. ¿Pero son estas conversaciones siempre preferibles a una charla tranquila?

El sexo rápido (o quickie), ¡en 15 segundos! Se está poniendo de moda como práctica divertida que sacude la monotonía. Menos mal que su variante lenta aún es la preferida…

Perder peso rápido (o cualquier otro objetivo que dé resultados rápidos). Esto sí tiene más adeptos, con lo arriesgado que es cambiar rápidamente sin haber construido los hábitos para sustentar ese cambio.

Si existen tantas opciones “rápidas” es porque hemos ido prefiriendo la velocidad a la lentitud, incluso en actividades que tiene poco sentido apresurar.

Cada cosa a su ritmo

Carl Honoré, en su libro Elogio de la lentitud, eso es lo que nos propone: actuar rápido, en las actividades que se presten a ello, e ir despacio cuando sea lo más conveniente.

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Hacerlo todo deprisa supone hacer más cosas, con la tentación de meter más actividades en la agenda y ser más “productivo”.

Pero un exceso de actividades y prisas suele desembocar en estrés y agotamiento, antes que en felicidad o en calidad de vida.

Las cosas que nos ayudan a vivir saludables requieren tiempo: dormir, comer, relacionarnos, hacer ejercicio… Y no siempre son compatibles con las prisas.

En el fondo, lo sabemos. De ahí el auge del movimiento slow y de actividades como la meditación o el yoga. Muchos queremos desacelerar para vivir menos estresados. Y también para saborear los días.

ir más despacio

La cosa no es fácil. El entorno nos apremia a movernos rápido para que cumplamos con lo que espera de nosotros. Y, en muchas ocasiones, hemos de pasar por el aro: correr, correr y correr.

Cómo ir más despacio

Es cuestión de elegir allá donde se pueda.

Seguramente, tus decisiones serán unas y las mías, otras. Aunque nos veremos en la misma tesitura: la necesidad de quitar actividades para poder ir más despacio en las que consideremos.

Quitarlas… o practicar actividades tranquilas, como la meditación, en mitad de un horario apretado. Hay gente que lo hace.

A mí no me va bien eso. Pero, ¿y a ti? ¿Qué te funciona?

Si no te va el horario apretado, ¿qué recortarías para poder hacer despacio tus actividades elegidas?

Si quieres dormir lo que necesitas, tomar tu tiempo para comer, para caminar, para convivir con los tuyos o lo que decidas, tal vez necesites recortar en lo secundario.

La sociedad moderna nos empuja a vivir apresurados. Pero es nuestra responsabilidad (tuya y mía) elegir nuestros espacios de calma dentro de las limitaciones que tengamos.

¿Cuáles serán los tuyos? ¿Cómo los protegerás?

Gracias por leer y por pensar conmigo.


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