No des una segunda oportunidad a quien abusa

Todos nos merecemos una segunda oportunidad. ¿Por qué dudas si concederla? ¿Será porque el corazón se te está convirtiendo en acero?

No. Quizás estés tomando la mejor decisión de todas. O, cuando menos, estás siendo consecuente con lo que sientes ahora.

Es distinto darle una segunda oportunidad a quien se equivoca de dársela a quien abusa. Aunque, claro, quien se equivoca reiteradas veces sin dar señales de querer hacer mejor las cosas… también parece que abusa un poco, ¿no?

Pero no nos compliquemos. Dejemos trazada la línea que separa un error de un abuso.

no des una segunda oportunidad a quien abusa

En el error no existe la intención de hacerte daño. En el abuso, sí. Quien abusa quiere poder, quiere control. Su propio interés y su satisfacción están antes que tú y la relación que se supone que le importa.

Tal vez no actúe con la deliberada intención de herirte. Su intención es salirse con la suya. Pero, para ello, habrá de apuñalarte, engañarte y seducirte para que creas que está de tu parte.

Una vez que te das cuenta de esto…

¿En serio vas a darle la oportunidad de que siga haciéndolo?

Importa lo que tú decidas. Tendrás que pensar qué hacer a partir de hoy. ¿Qué sientes? ¿Qué quieres que pase con esta relación?

mujer sufriendo

No perdones tan pronto

El perdón es precioso, divino. Aceptar la situación (que fue un abuso hacia ti en este caso) y dejarlo estar en el pasado está bien visto y es maravilloso para tu salud.

Tendrás un hígado más sano. Dormirás mejor por la noche. Respirarás libertad. El perdón es un regalo para ti mismo, sobre todo.

Pero ojo con perdonar antes de tiempo y solo por sentirte así de guay. Y ojo con aceptar de nuevo en tu vida a quien abusó. Corres un riesgo absurdo cuando concedes la segunda oportunidad a quien te trató mal adrede.

Eres tú quien no se merece esa segunda oportunidad.

Esa será la segunda vez que expones tus sentimientos. La segunda, que cedes tu confianza. La segunda, que pierdes el tiempo con una alimaña…

será la segunda vez que vuelva a abusar

¿Cómo? ¿Por qué va a ocurrir lo mismo de nuevo?

Porque él/ella no ha perdido nada. No ha sufrido ninguna consecuencia negativa. Al contrario, te usó, se sirvió de ti… Tuvo lo que quiso. Y con tu actitud candorosa le das a entender que tiene vía libre para seguir haciendo lo que quiera.

La ira es útil. Ámala.

Las emociones incómodas se llaman así por algo. No te gusta que el pecho te duela y se te encoja de tristeza. Te duele que la ira te perfore el hígado.

Pero es que estas emociones están ahí por eso. Para que no te sientas tan cómodo con la idea de dejar que la misma persona regrese para repetir una jugada del estilo.

La ira, en este caso, está ahí para protegerte. No quiere que esta persona abusiva ni ninguna otra vuelvan a hacerte el mismo daño.

Escucha lo que te dicen tus emociones, por incómodo que sea. Llegará el día en el que la ira se calme y estés preparado para perdonar. Pero no la calmes artificialmente. No tan pronto.

Maneja la ira. Es una emoción apropiada y oportuna.

Ante el abuso, tolerancia cero

No dejes que quien abusa de ti quede sin consecuencias. No, si puedes evitarlo.

Si vuelve, resístete a la idea de darle una segunda oportunidad rápidamente. O, cuando menos, que se la trabaje. Que se la gane con un tiempo largo de acciones que cuenten por sí mismas que ha cambiado. Que le importa tener una relación honesta contigo.

¿Palabras bonitas? No las creas. Hablar no cuesta. Cree solo en las acciones consistentes.

Eso da mucho trabajo. Quizás esta persona no esté dispuesta a deslomarse por ti.

Pues, ¡hala! Adiós muy buenas.

A ver si así aprende que no todos van a darle una segunda oportunidad por su cada bonita. Y, con un poco de suerte, tal vez quiera aprovechar mejor las sucesivas primeras oportunidades que tenga… con otra gente.

 

Espero que esta reflexión te sirva. Ten en cuenta que está escrita por alguien que no suele dar segundas oportunidades a los abusones.

Así es. Yo perdono, claro. Pero, habiendo tantas personas en el mundo, prefiero no encasquillarme con las relaciones correosas. Quiero mirar hacia delante y utilizar lo aprendido en relaciones frescas, sanas y con bases fuertes.

La confianza es quebradiza. Y, una vez rota, no se recupera del todo.

Pero así es como lo veo yo. Tú, que estás leyendo esto, has de escuchar tus sentimientos, conjugarlos con tus valores y tomar una decisión. Ojalá que sea la mejor en tu caso.