7 Lecciones que puedes aprender de tu mascota

Desde hace mucho he pensado que se puede aprender algo de cada ser humano, independientemente de sus características personales.

Pero, con el paso del tiempo, también me he dado cuenta de que podemos aprender bastante de los animales.

¿Es el ser humano la criatura más inteligente de todas las que habitan la Tierra?

Puede ser, pero esa inteligencia en ocasiones sirve para «desaprender» hábitos saludables o para adquirir otros que complican la vida innecesariamente.

Para escribir este post me baso en las lecciones de un maestro que pesa unos cien gramos y que aún no ha cumplido su primer año de vida: mi agaporni.

Las que siguen son cosas que saben casi todas las mascotas. Ya verás que sí. 😉

mascota agaporni

Lección 1: Vive el momento

Cuando observo a mi mascota tengo la sensación de que aprovecha cada segundo. Ya esté comiendo, jugando, durmiendo o tomando un baño espontáneo y dejándolo todo perdido.

A veces se molesta, cuando le digo que deje en paz los cables de los aparatos, pero el «rencor» hacia mí le dura segundos contados, hasta que descubre otra excitante ocupación a la que dirigirse.

Lección 2: Jugar es importante

Mi agaporni se aprovecha de que no tiene trabajo para hacer el que considera más importante: jugar. Y, cuanto más juega, más aprende y más travesuras se le ocurren.

Por ejemplo, yo no le he enseñado a jugar al fútbol o a agrupar pequeños objetos por colores, pero lo hace. Aprendió por su cuenta.

Lección 3: ¿Ridículo? Eso no existe

Este pajarillo no canta como un canario. En la comparación sale perdiendo claramente en cuanto a trinos armoniosos. Los suyos suenan a puerta chirriante, pero adora cantar.

¿Crees que se priva de hacerlo? ¡En absoluto!

Ahí está por las tardes, cantándole al ocaso, sin importarle que el canario del vecino se burle y sin preocuparse por si perfecciona su técnica hasta convertirse en un Pavarotti agaporni. Bien que lo disfruta.

Lección 4: El cuerpo está a nuestro servicio

(Y no al revés.) A mi mascota le gusta volar por placer. No lo hace para perder peso o con la intención de evitar el sedentarismo. Le gusta, sin más.

Su silueta no es tan aerodinámica como la de una golondrina, por ejemplo. Es pequeñito y rechoncho.

¿Se para a pensar si otras aves vuelan más o mejor? ¿Compite para mejorarlas? No, claro que no. Ni falta le hace.

Eso sí, al contrario que con el cante, en esta faceta mejora cada día, aunque dudo que sea algo que haya planificado.

Lección 5: ¡Vivan las pequeñas alegrías!

Con qué efusividad recibe esta criatura un sonido que le gusta, un juguetito amarillo de plástico, ver el comedero lleno… Se desata de contento y a leguas se le nota la emoción.

Nota mental: No hace falta tanto para apreciar en un día pequeños detalles que nos hagan felices.

Lección 6: Hacer amigos es simple

Mi agaporni saluda a las personas subiéndoseles en la cabeza. ¡Ya está! Somos amigos. Y, si a alguno no le gusta, salta a otra cabeza y en paz.

No tiene prejuicios: le dan igual la edad, la altura, la complexión… y no digamos la ideología. Con que el que sea quiera jugar, es suficiente.

Lección 7: El amor no siempre precisa de palabras

Para demostrarle a alguien que es importante en tu vida basta con ofrecerle granitos de mijo regurgitados. Claro, eso en el caso de mi mascota.

Otras veces, con estar cerca simplemente, sin hacer ni decir nada, puedes sentir el afecto (o llámese apego, si se quiere) de esa pequeña criatura.

Si tienes mascota, seguro que sabes a lo que me refiero.
.

Siete lecciones son pocas. Seguro que me he dejado alguna importante… y las que me quedan por aprender con este maestro tan guapo.

Imagen de BékiPe