¿Qué cosas no son negociables para ti?

Hablamos de «no negociables» refiriéndonos a esas decisiones que tomas libremente para defender tus valores, prioridades, objetivos, necesidades…

En definitiva, aquello a lo que no estás dispuesto a renunciar.

Dichas decisiones representan un compromiso con contigo mismo que estás decidido a respetar. ¿Y es que hay algo tan importante digno de esa firmeza y constancia?

cosas no negociables: cultivar y proteger lo valioso

Lo hay. Hay un vasto terreno donde ser flexible y una pequeña frontera que es sano que permanezca inamovible.

Sano, porque preserva lo que consideras valioso en tu vida, manteniéndolo fuera del alcance de quien lo pretenda cambiar o controlar.

En la categoría de lo «no negociable», por tanto, entran tanto grandes pilares de tu identidad (vida espiritual, principios éticos, convicciones políticas, etc.) como hábitos cotidianos (reservar tiempo para ti mismo, llevar una alimentación determinada, vestir con tu estilo, etc.).

Quedémonos en esta entrada con lo segundo: con lo que haces a diario.

¿Cuáles son tus tareas no negociables?

La mayoría de nosotros realizamos unas cuantas tareas a diario, a menos que un imprevisto gordo lo impida o un día, como excepción, nos saltemos los planes (que con eso también hay que contar).

Nos vestimos o nos lavamos los dientes, por ejemplo, sin excusas que valgan, porque esas tareas son NO negociables.

¿Cuántas de estas hay en tu lista?

Aquí hay un «truco» para esquivar la procrastinación: hacer que una tarea sea no negociable. La harás porque sí, salvo tsunami u otro desastre imprevisto.

Esta pequeña cabezonería a mí me sirvió con el ejercicio, cuando aún estaba construyendo el hábito. Me lo tomé como una tarea no negociable. Cumplía con ella, así le dedicase solo 5 minutos. Y, si fallaba un día (cosa normal), reenganchaba al siguiente.

El «truco» (si puede llamarse así) me ha servido para otras tareas. Y, gracias a él, he progresado en varias actividades. Es muy útil para alinear las prioridades que dices que tienes con lo que verdaderamente haces a diario.

tiempo que pasa

Yo puedo decirte que, entre mis prioridades están hacer ejercicio, comer sano y aprender (por ejemplo). Pero…

  • Si me paso el día sentada y no logro sacar tiempo para el ejercicio, lo demás está siendo más importante que el ejercicio.
  • Si, en lugar de aprender, me pongo a ver la tele o a pasear por Internet, esa es mi prioridad.
  • Y si defiendo que hay que comer sano, pero mis hábitos alimenticios van en otra línea, también es incoherente.

Lo que HACES cuenta más que lo que piensas

Bienvenidos sean los pensamientos positivos y las elogiables intenciones, porque de ahí arranca lo bueno. Pero las que de veras hablan y dan fruto son las acciones.

Tus prioridades se reflejan en lo que haces. No en lo que piensas hacer.

Así, cuando te das cuenta de que hay disonancias entre lo que piensas y lo que haces, puedes ponerte serio con las acciones que son importantes para ti y darles el lugar que se merecen.

Sean las que sean tus prioridades, involucran unas acciones a diario. Y esas son más importantes que todas las demás, incluso cuando las demás también te interesen.

Por eso agarras esas tareas, las pones en tu plan del día y cumples con ellas como con el cepillado de dientes. No son negociables. No hay excusas para dejar de hacerlas. Por ejemplo:

  • ¿Hacer ejercicio? No es negociable.
  • ¿La siestecita de mediodía? No es negociable.
  • ¿Cenar con mi familia? No es negociable.

Elige lo que pienses que es muy importante (y no estés haciendo) y conviértelo en NO negociable. Esa es la idea.

Una precaución: La lista de tareas no negociables ha de ser corta

Por una cuestión de tiempo y de energía, has de elegir unas prioridades y atender lo demás (que también te interese) en segundo o tercer lugar.

Y las prioridades han de ir en sincronía con tus valores personales. Para que, cuando caigas en la cama por la noche, sientas la satisfacción de haberte ocupado de lo que más te importa.

Hagas más o menos durante el día, trata de que las tareas esenciales, las que se corresponden con la cúspide de tus valores, no sean desplazadas por otras de menos importancia.

A ti, exclusivamente, te corresponde hacer este ejercicio de autoafirmación: elegir, respetar y proteger lo que es importante para ti.