La decisión de dejar de dar importancia a cosas que no la tienen

Esta entrada es una reflexión sobre la conveniencia de dejar de dar importancia a cosas que no la tienen.

Aprendamos de esas veces en las que nos preocupamos, para darnos cuenta más tarde de que fue un tiempo desaprovechado.

Cuántas veces le añadimos una buena dosis de dramatismo a situaciones que no merecen tanto desgaste ni sufrimiento…

Después, una vez han pasado, caemos en la cuenta de que no tenían tanta importancia en realidad y aprendemos para que no nos afecten tanto la próxima vez.

Por ejemplo…

pequeña gota

Cuando pensamos en alguien que no lo merece

¿A que has vivido esto? Alguien dice o hace algo que te hiere y no puedes parar de pensar en esta persona.

Ya son ganas de flagelarse. Encima de que se porta mal contigo, dejas que pulule por tu mente agriando todos tus pensamientos por tiempo indefinido.

Incluso te preguntas: ¿Cuánto tiempo voy a estar pensando en este individuo? ¿Por qué hablo de él/ella? ¿Cómo le presto tanta atención que no merece?

Hasta que abres los ojos y, como si le estuvieras dando un patadón a una pelota, mandas todos los pensamientos sobre esta persona a la estratosfera. ¡Ya basta! ¡Fuera!

Cuando atravesamos una mala racha

A perro flaco, todo son pulgas. Esto no es cierto siempre. Pero ocurre que cuando te encuentras mal, con problemas y dolores hasta en los párpados, tiendes a ver las cosas con más negrura. Cualquier gota rebosa el vaso.

Y le das vueltas a todo ese dolor que se va acumulando, a lo mal que estás, con la esperanza de encontrar algo de paz.

Pero pasa el tiempo y descubres que pensar sin descanso en lo que va mal… ni resuelve nada, ni te da paz.

Cuando faltan alicientes y estímulos

Si la rutina, la monotonía y el aburrimiento entran en escena, cualquier minucia puede convertirse en un dramón.

¿Has visto que hay personas que buscan el conflicto porque les da vidilla? ¿Y las que llevan una vida tan previsible que cualquier avería casera les trastorna la existencia? (Yo soy de éstas.)

Hablo por mí: Me tomo a la tremenda situaciones cotidianas que son de lo más trivial para otra persona. ¿Qué me dice esto? Que necesito variedad: más estímulos, más diversión, otro tipo de actividades.

 

A veces nos sobrepasan situaciones que, objetivamente, son poca cosa, aunque de ello nos demos cuenta a posteriori.

¿Por qué las sobredimensionamos? ¿Por qué sufrimos más de la cuenta, si ya tenemos la experiencia de que no sirve de mucho?

Es probable que ése sea un síntoma del verdadero problema, que está detrás: inseguridad, la influencia de otros, una crisis personal, llevar una vida excesivamente apacible, etc.

Y, al tiempo que vamos identificando y resolviendo ese problema, también vamos ganando en recursos y sabiduría para ahorrarnos berrinches tontos en el futuro. Vamos, digo yo…

Imagen de Neal


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