¿Guardas tus risas para los momentos de relax, para los fines de semana, para las vacaciones…? ¿Y qué pasa con los días “ordinarios”? ¿Son demasiado serios?
Eso puede cambiar.
Retrato de un día muy serio
Suena la alarma odiosa del despertador. Te levantas cansado, pero qué remedio…
Te aguardan el ciento y la madre de cosas por hacer hoy. Pensar en eso te cansa más todavía.

Te pones manos a la obra. No terminas de resolver un problema, cuando el otro llama a la puerta.
Preguntas, peticiones, tareas imprevistas… Vas de una a otra con el turbo puesto.
Antes de que te des cuenta, ha pasado la mitad del día.
¿Qué siguen? Atascos, quehaceres domésticos, idas y venidas… Hasta que llega la noche y, exhausto, te permites ver un programa divertido en la tele.
Te lo has ganado. ¡Qué odisea!
Así, todos los días.
Los fines de semana brindan la oportunidad de relajarse un poco más. Claro que tampoco faltan tareas que hacer y compromisos que atender. Algunos compiten en seriedad con los días de diario.
Lo divertido se arrincona en contados momentos del día o de la semana. Qué mala pata. Todo es más llevadero cuando se está de buen humor.
¿Qué tal, entonces, si cambiamos un poco de seriedad por una dosis de refrescante humor?
El hábito del humor
El humor puede ser un hábito de tantos que tienes.
Es un hábito levantarse con la hora justa de entrar en acción. Es un hábito esperar al fin de semana para realizar actividades divertidas. Si cuentas todos tus hábitos, sumarían docenas.
Y lo bueno de los hábitos es que pueden cambiarse cuando te percatas de que están ahí. Puedes mejorar, eliminar, sustituir uno por otro, etc.
En el caso del humor, la cosa es más fácil de lo que parece. Se trata de un hábito del que se notan los efectos positivos al instante. Por eso cuesta menos practicarlo y seguir con él.
Eso no quita que, para adquirirlo, haya que hacer lo mismo que con el resto de hábitos: repetir una acción durante un período de tiempo, hasta que se vuelve, eso, habitual.
¡Y qué hábito! ¿A quién no le encantaría divertirse más y estar de mejor humor?
Ideas para practicar el buen humor
Si crees que tus días son muy serios y te parece una buena propuesta acostumbrarte a reír y divertirte más, puedes considerar las sugerencias que siguen.

1. Comienza con las pequeñas cosas
Piensa en esas cosas sencillas que te ponen de buen humor:
- cantar en la ducha,
- bailar con la escoba,
- cambiar slogans publicitarios por otros mucho más divertidos, etc.
Las que sean.
2. Rescata lo que solía ponerte de buen humor
Recuerda esas cosas que te ponían de buen humor y rescátalas. Y, de paso, añade algunos momentos más.
Por ejemplo:
- hacer bromas (inocuas), como dejar notas divertidas en el bolsillo de alguien;
- inventar canciones;
- recordar desastres caseros y contártelos a ti mismo (o a otra persona) de un modo divertido;
- armar una carpeta llenita de fotos graciosas, para echarles un vistazo de vez en cuando, etc.
3. Construye un inventario amplio de momentos y recursos divertidos
Haz tu propio inventario de lo que te mueva a la risa y al buen humor. Échale imaginación. Practica a diario.
Repite. Alterna opciones (si repites siempre lo mismo, el humor pierde efecto). Ve añadiendo más ideas progresivamente y sigue en esa línea.
Verás que, casi sin darte cuenta, esos días serios tendrán otro color y serán mucho más saludables. Claro que sí. La risa y el buen humor son inversiones en salud.

4. Mira tus retos con humor
Cuanto te sea posible, trata de buscarle el lado gracioso a lo que temes. Eso, además de agudizar tu inteligencia, reduce el estrés.
[Más en: Ideas para combatir el estrés con buen humor.]
Acude al humor cuando tengas en perspectiva una situación inquietante, estilo examen, entrevista, discusión, reto… o cambio que sea.
¿Cuántas veces te has preocupado por algo, lo has pasado fatal y, tiempo después, has sido capaz de reírte de ello?
Algunas experiencias así ha habido, ¿verdad?
Pues, intenta añadir el humor por anticipado a esos momentos tensos. Quizás lo consigas con preguntas como estas:

De acuerdo. Son tonterías. Pero, si no lo has comprobado, te aseguro que uno ve las cosas de modo distinto cuando las mira con sentido del humor.
Y eso ocurre porque tomamos distancia respecto a ese problema que nos tiene agobiados.
Al salirnos del drama y el miedo no estamos ignorando nuestra responsabilidad. Solo nos liberamos de esa tensión, de la angustia que no nos deja pensar con claridad.
Sigue ejercitando tu sentido del humor

El humor actúa como el protector del estómago que impide el daño de un elemento corrosivo. Pero estamos hablando de un escudo tan poderoso que protege no solo unas vísceras sino nuestra persona al completo.
Gracias a él, la realidad no es tan seria e indigesta.
Y, para que tan saludable escudo se mantenga en forma, hay que practicar cosas como las que ya sabes:
- Rodearse de personas con un sentido del humor afín al nuestro. Esta es la medida más fácil y conlleva la enorme ventaja de la retroalimentación.
- Tratar de reírse de uno mismo y de las cosas que le ocurren. Por supuesto, sin ser despectivo.
- Acostumbrarse a ver lo negativo desde el prisma del humor. Esto, además de desarrollar la inteligencia (creatividad), actúa como el escudo protector que hemos mencionado.
- Utilizar materiales y recursos para provocar carcajadas con frecuencia. Cuestión de gustos: libros, revistas, páginas web…
- Procurar que el día no acabe sin haberse reído (al menos una vez) con ganas.
¿Qué? ¿Te apuntas a disfrutar y a poner humor en los días serios?



