¿Dónde se ha ido mi tiempo? ¿Quién se lo llevó?

Es curiosa la forma en la que a veces percibimos el tiempo. Miramos atrás y pareciera que las semanas, los meses y los años han ido pasando como centellas.

En nuestra memoria perviven un puñado de recuerdos que ni mucho menos llenarían una pequeña parte de todo lo que hemos vivido… O ésa es la impresión que puede darnos.

¿Quién no ha tenido alguna vez esa sensación de haber sido arrollado por el tiempo?

Muchos de nosotros, a día de hoy, pensamos que quizás hubiera sido más acertado en su momento tomar una opción distinta a la que elegimos: vivir más apasionadamente, dejarnos llevar o, por el contrario, ser más cautos de lo que fuimos en su día.

Sinceramente, ¿crees que sabiendo todo lo que sabes ahora volverías a hacer las mismas cosas o volverías a hacerlas igual? Posiblemente no.

Sin embargo, el pasado hay que dejarlo estar.

En su día hicimos lo que pensábamos que era más oportuno; elegimos ayudados por los instrumentos que tuvimos a mano en ese momento. Por aquel entonces no sabíamos tanto como ahora.

Una manera de sacarle partido a esta pregunta que a todos nos asalta alguna vez es hacérnosla a diario, no sólo en un momento puntual, como por ejemplo un aniversario o el fin de año, cuando nos remontamos bastante atrás en nuestro tiempo de vida.

Y no es para torturarse, ni mucho menos. Es para hacer ajustes que nos permitan disfrutar más de los días venideros.

El pasado no podemos cambiarlo, pero las veinticuatro horas de mañana nos dan una oportunidad.

¿Dónde ha ido el día de hoy? ¿Qué ha pasado con él?

tiempo que vuela

Haciendo un breve repaso del día que acabamos de vivir podemos percatarnos de algunos errores, si los ha habido, y poner el remedio para corregirlos en los días sucesivos.

Ejemplos de errores:

  • Me he enganchado viendo un debate en la televisión que no me interesaba lo más mínimo. (¿Por qué no apagué la tele?)
  • He dejado que Menganita me contara toda la vida de sus nietos en la panadería, con lo que he perdido media mañana. (Con un nieto habría bastado.)
  • He tardado dos horas en hacer la compra, porque el supermercado estaba atestado de gente. (Si hubiera ido el lunes a las tres de la tarde, hubiera tardado menos…)

Cierto es que algunas pérdidas de tiempo no las podemos evitar, porque no dependemos únicamente de nosotros. Me temo que en esta sociedad todos nuestros tiempos están conectados. Este recurso sirve para «evitar las pérdidas evitables».

En esencia:

  1. Examinemos nuestro día.
  2. Percatémonos de los errores.
  3. Tratemos de no volver a cometerlos, en la medida de lo posible.

El tiempo es nuestro mayor tesoro: Cuidémoslo.