¿Y qué si no voy a fiestas?

Esta entrada habla sobre la felicidad de una persona muy introvertida. Más concretamente, de la persona más introvertida que conozco: yo misma.

Su propósito no es, obviamente, llamar la atención, sino conectar con quien a ratos se sienta un bicho raro.

¿Te han dicho alguna vez que tienes que salir de ti mismo? ¿Que eres raro, hermético, triste, aburrido…?

¿Por qué? ¿Porque no socializas con el mismo estilo o frecuencia que lo hacen los demás? ¿Porque no te gusta ir a fiestas?

¿Y qué pasa si no vas a fiestas? ¿Y qué, si yo no voy?

Una mujer con un gorrito de fiesta hace senderismo en solitario.

Me gusta lo que hago

Si una persona es feliz rodeándose de miles de amigos o apuntándose a tantas actividades que apenas pase tiempo en casa, se lo aplaudo.

Yo soy más feliz en mi pequeño mundo. ¿Por qué no iba a serlo? La introversión no es un trastorno que necesite curarse. Solo es una forma de ser o un rasgo del carácter, tan encantador o repelente como otro.

Puedo pasar el fin de semana tranquila en casa. Mi felicidad es muy simple. Las pequeñas cosas que observo y que hago cada día son suficientes para sentirme bien.

Leo, paseo… y, si almuerzo sola, también lo disfruto. Mucho más de lo que lo haría en una fiesta rodeada de gente. A la media hora de reunión ya estoy totalmente exhausta.

No me gustan las fiestas

Me gusta mucha gente. Pero fiestas, muy poquitas. Me cansa el ruido, el movimiento descontrolado a mi alrededor, seguirle la corriente a personas con quienes no tengo mucha relación…

Y, además, soy muy lenta… (o ellos, demasiado rápidos). Mientras busco en mi cabeza un tema de conversación o algún dato que pueda resultar interesante, ya están bailando más allá.

Mis habilidades sociales, la verdad, no están muy desarrolladas. Sin embargo, con los amigos o la gente que quiero, en general, es diferente.

Me encanta jugar, reír; compartir con ellos el día a día; sentirme apoyada y brindar mi ayuda cuando es necesario.

Digamos que me gusta… lo íntimo. Charlar tranquilamente con alguien (aunque lo acabe de conocer) o, como ahora, escribir para conectar contigo. (En una fiesta habría sido más difícil…)

Siento que no me pierdo nada si no voy a fiestas. Tampoco, si no relleno la agenda llena hasta la bola de actividades sociales variadas.

Tengo mi propio repertorio, que es más tranquilo, más silencioso, pero es el que me hace feliz. Y de eso se trata, ¿no? De que cada uno haga lo que más le gusta mientras respete al prójimo.

Y si tú compartes algo de lo de arriba, ya sabes: No eres un bicho raro. O, en todo caso, somos millones de bichos introvertidos. Raros, no, porque abundamos por todo el planeta.

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