La gran diferencia entre estar ocupado y ser productivo

La breve reflexión de hoy se basa en resaltar la diferencia entre estar ocupado y ser productivo.

Pensemos en la persona ocupada, en esa que no para en todo el día, porque cada minuto de su tiempo está enfrascada en algo que «tiene que hacer».

Del otro lado, contemplemos a esa persona, que también hace cosas, pero es capaz de encontrar huecos para relajarse y dejarse envolver por actividades que la persona ocupada juzgaría como «poco importantes».

¿Cuál de las dos crees que, pensando a largo plazo, seguirá teniendo energía para sus cosas importantes?

No lo hagamos largo. Démosle una patada a otro prejuicio: ¿una persona muy ocupada es más responsable y productiva que otra que dedica más tiempo al ocio y a «vivir la vida»?

¿Siempre es así?

Un hombre se relaja armando la maqueta de un barco. Refleja la importancia de las actividades de ocio.

Muchos respetan a esa persona hiperocupada, que rara vez tiene tiempo para salir al cine o para mirar las musarañas, porque su larga lista de obligaciones no se lo permiten.

En realidad, la mayoría de nosotros somos personas que tienen cosas que hacer.

Y supongo que, prácticamente todos, hemos sentido a veces la sensación de que «el tiempo no alcanza» para cumplir con lo pendiente.

Pero ahí no acaba lo que tenemos en común.

En común tenemos la misma cantidad de tiempo disponible (24 horas al día) y, lo más importante: La posibilidad elegir en qué y cómo lo invertimos.

¿Eliges estar ocupado o ser productivo?

Básicamente, la respuesta está en cómo se deciden las prioridades. Y para las personas ocupadísimas sus obligaciones no se bajan del TOP 1.

En realidad, ellas deciden concentrar su tiempo en lo importante, en lo más productivo, descartando actividades insulsas.

Insulsas como leer una novela, salir a tomar café con los amigos o pasear por el campo haciéndole fotos al paisaje.

La gracia del asunto está en que una persona que dedica tiempo a esas actividades «insulsas» puede ser tanto o más productiva que el adicto a la obligación.

Porque cuando se toma tiempo para leer, echar una siesta, salir o soñar debajo de un árbol está desconectando de sus problemas y tensiones.

Le permite a su cuerpo y a su mente relajarse; restablece energías y, cuando retoma la obligación, está más fresco, más ágil y con más facilidad para concentrarse que el hiperocupado, que sigue sin tener tiempo para descansar.

Moraleja: Si crees que no tienes tiempo ni para anudarte bien los cordones de las zapatillas, considera tus opciones: ¿Sales a dar una vuelta o te quedas trabajando / estudiando?

Comprueba por ti mismo qué efecto tiene un ratito relajante (en buena compañía, si es posible) sobre tu productividad. Así fue cómo aprendí yo la diferencia entre estar ocupada y ser productiva.