De cómo evitando la pérdida puedes perder el doble

A los seres humanos no suele gustarnos perder. La emoción negativa asociada a la pérdida puede ser igual o incluso más intensa que la emoción positiva que experimentamos al ganar.

¿Y el sabor amargo que se queda después?

Por eso, a veces evitamos perder… a todo coste y ocurre que terminamos perdiendo mucho más.

Nos enfrentamos al dilema del coste irrecuperable (sunk cost) donde tenemos que elegir entre asumir la pérdida (¡ESO NUNCA!) o seguir adelante por si hubiera alguna ganancia que la compense.

Ésta es una trampa en la que muchos hemos caído. Veamos ejemplos:

gasto

Vas al cine. La película empieza y a los 20 minutos estás realmente asqueado. ¿Qué haces? Te quedas allí padeciéndola, porque no quieres perder el dinero de la entrada.

Te apuntas a un curso de pintura. Pagas la matrícula, compras el material y vas a clases. Por cualquier razón, no estás aprendiendo ni disfrutando en el curso. ¿Qué haces? Sigues ahí hasta que termine, porque no te gusta dar por perdido tanto tiempo y dinero.

La relación con tu pareja va de mal en peor, pero lleváis juntos cinco años. Sigue deteriorándose y tú te empeñas en rescatarla, porque te agobia pensar que todo ese tiempo y esfuerzo puesto en la relación no va a servir de nada.

Te compras una bolsa de cacahuetes que saben a rayos. ¿La vas a tirar? No. Ya que la has comprado, te la comes.

Es una trampa, ¿por qué?

Porque el «precio» ya está pagado y no lo vas a recuperar, ya sea tiempo, dinero, esfuerzo… Y lo gastado NO garantiza tu satisfacción o tus ganancias a futuro.

Pero no lo aceptas. Te tragas esa bazofia de película, el libro aburrido de un reputado escritor y te comes la bolsa de cacahuetes rancios.

Sigues adelante en un trabajo que no te gusta, en un hobby que ya no te divierte o en una relación que hace aguas.

Has pagado un precio y quieres una compensación. Por eso te aferras a la situación y, en los casos más dramáticos, sigues pagando y apostando, como el jugador que lo ha perdido todo en la mesa de un casino y cree que en la próxima jugada las cartas estarán a su favor.

¿Cómo evitar la trampa?

Primero, dándote cuenta de que ésa es la situación en la que te encuentras y asumiendo que lo que has pagado no lo vas a recuperar, por mucho que te disguste la idea.

Evitando más pérdidas. Dejando de echar agua en una canasta que está llena de agujeros.

No sintiéndote idiota por lo que has perdido, ni temeroso por las críticas de los demás. A ver quién está libre de pérdidas y errores… ¡Nadie!

Moviéndote hacia adelante y mirando el lado bueno. ¿Y qué es lo bueno? Que has dejado atrás lo perdido para centrarte en nuevas oportunidades.

En ciertas ocasiones, esa decisión puede ser la mejor que tomes.


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