Perdonar libera

Si no puedes perdonar a alguien por el daño que te ha hecho, no lo hagas por esa persona, hazlo por ti. Porque, cuando lo haces, vuelve la paz a tu vida.

Con el perdón dejas atrás la cólera, el rencor, el dolor y te concedes la oportunidad de seguir adelante sin esa carga. Eres tú, que al fin te liberas, quien gana más.

Porque, si no lo haces, pierdes por partida doble: Primero, por el daño que recibiste. Después, porque tú mismo permites que siga viviendo dentro de ti.

Eso no quita que perdonar, en ocasiones, sea muy difícil.

liberarse

  • Por ese daño que alguien te ha causado.
  • Porque quizás esa persona no se ha arrepentido, no se ha responsabilizado ni ha esbozado la más mínima disculpa.
  • Porque necesitas satisfacer tu deseo de justicia.
  • Porque te gustaría que esa persona aprendiera la lección, experimentando el dolor que ha dejado en tu vida.
  • Porque perdonarle, dejando que se vaya de rositas después de todo, dolería aún más.

¿Quién dijo que siempre fuese fácil?

Sin embargo, todos pasamos por experiencias en las que el perdón es la mejor opción de todas y podremos tomarla después de haber aprendido a perdonarnos a nosotros mismos.

La vida es demasiado corta como para permanecer atado por el daño que nos hagan los demás.

Además, hay que tener en cuenta, que con intención o sin ella, vamos a ser lastimados por el comportamiento de otros no una, sino muchas veces. Y nosotros mismos vamos a herir a otros… inevitablemente.

Perdonar es liberarse del pasado doloroso y seguir caminando en paz.

Tampoco es que haga falta forzarlo, pero algún día estaremos preparados para perdonar, cuando el dolor haya disminuido. Y ésa será una oportunidad que merezca la pena aprovechar.

Aunque perdonar cueste, si sientes que no puedes hacerlo por otro, hazlo por ti.

Imagen de notsogoodphotography