Cómo perdonar cuando es tan difícil hacerlo [ 7 propuestas ]

Ya sabes que perdonar libera. Sabes que el perdón es un bien que te haces a ti mismo, más que una concesión con quien te hirió.

¿Por qué no te sale, entonces? ¿Por qué sigues atascado en el dolor? ¿Por qué es tan difícil?

Palabras y acciones del pasado reviven en tu mente, remueven la herida una y otra vez, cuando tú quisieras que cicatrizara para que no doliese más. Y no te sale. No consigues separarte de esos recuerdos dolorosos.

Ahora es cuando te digo que sí es posible perdonar, incluso cuando te parece muy difícil. Dale un voto de confianza a esa posibilidad.

Sí, puedes liberarte.

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Ocurre que a todos se nos ha dicho que el perdón es saludable y maravilloso. Nos lo han dicho más veces de las que nos han explicado cómo se perdona.

Confío en que las 7 propuestas que vas a leer te ayuden, especialmente si sientes que perdonar es poco menos que imposible.

1. Decide clausurar la situación que te hizo daño

Has de poner un punto final al pasado, para poder comenzar a construir hacia el futuro.

Si está en tu mano la posibilidad de aclarar la situación con quien te hirió (o a quien heriste), acéptala con ese fin en mente: poner el punto final.

Puede ser que la persona a quien necesites perdonar seas tú mismo. La idea no cambia: decide que la situación ha terminado.

2. Decide mirar hacia delante

Levanta la mirada hacia el horizonte y concédete la oportunidad de caminar hacia él libre de cargas innecesarias.

Si hubo una persona que te hirió y no quieres que él/ella forme parte de tu presente ni de tu futuro, toma la determinación de cortar los lazos.

En el caso de que haya una persona que quiera mantenerte atrapado, el camino hacia el perdón que estás iniciando puede entenderse como una irónica y dulce venganza.

Nada molesta más a quien quiere seguir presente en tu vida, que verse borrado de ella completamente. Nada molesta más a quien quiere verte sufrir, que ser testigo de lo feliz que puedes ser.

Y tú, tanto si le escuece como si no, serás libre al fin. Un futuro nuevo está esperando a que lo construyas.

3. Tómate el perdón como un proceso

El perdón no es un acto único, sino un proceso. Perdonar es como un viaje que comienza con esos dos primeros pasos de arriba. Después vienen más, muchos más.

Necesitarás recordar esto a menudo mientras dure el trayecto. Y, también, que llegará el día en el que estarás preparado para cortar definitivamente el lazo con el dolor.

4. Sé paciente contigo

Durante el proceso del perdón es natural que encuentres momentos en los que sientas ira, tristeza u otras emociones incómodas. Eso es natural.

Abandona la culpa por no poder perdonar con la facilidad de quien chasquea los dedos. El viaje hacia tu libertad continúa y habrás de recorrerlo con paciencia.

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5. Quédate con lo que has aprendido

Perdonar no es olvidar. Es olvidar el dolor, pero no las lecciones que te deja la experiencia.

Si fuiste tú quien causó el daño, recordar esa lección te ayudará a no volver a cometerlo.

Y si fue otro quien te hirió, podrás protegerte (a ti y, quizás, a otras personas) para evitar que se repita la misma historia o hacerlo más improbable.

6. Date a ti mismo lo que la ofensa te quitó

La ofensa produjo un destrozo. Quizás no se han restituido los daños. Pero, en cualquier caso, esa experiencia forma parte del pasado.

Ahora, que estás mirando hacia delante, tienes la oportunidad de construir lo que la ofensa destrozó o te quitó.

Dejarás de mirar las ruinas para concentrarte en construir una estructura más firme, más fuerte. Para algo sirve lo que has aprendido y tu actitud de superación. ¿Cómo vas a hacerlo? Eso es lo que te toca pensar.

7. Deja que el tiempo haga su parte

El resto, déjaselo al tiempo. Al tiempo se le da mal curar las heridas abiertas por aquello que no hiciste. Pero este no es el caso.

Tú has hecho y estás haciendo tu parte. Haces lo que puedes hacer en este momento. Y, cada día que pasa, continúas el viaje.

Llegará ese día en el que despiertes y te sientas libre. Los recuerdos que antes te desgarraban, serán punzadas de advertencia, si acaso. Llegará el día en el que te sientas en paz, al fin.

Pero, para que llegue, ya sabes: has de elegir ese viaje hacia el perdón, incluso si, de entrada, te parece demasiado difícil concederlo.