Perdonarse a uno mismo es necesario.
Pequeños errores, graves descuidos, ofensas, mentiras y heridas abiertas llenan el costal de la culpa. Una carga pesada para portearla indefinidamente.
El perdón redime, liberándonos de ese peso y dándonos la oportunidad de restaurar la relación con otros, pero también con nosotros mismos.
De hecho, de nada sirve el perdón que otros nos dan cuando nosotros mismos no somos capaces de perdonarnos.
Dependiendo de la intensidad del sentimiento de culpa, el camino hacia el perdón puede ser corto, o bien, tratarse de un recorrido largo y difícil.

1. El proceso para perdonarse a uno mismo sigue tres etapas
Aceptación
Las equivocaciones son parte de la vida, algo inherente a nuestra condición humana. Por tanto, solo es posible perdonarse a uno mismo aceptando este hecho.
Eso se traduce en tratar de entender el propio comportamiento y responsabilizarse del él; asumir los errores sin flagelarse con ellos.
En definitiva, el perdón comienza escuchándose a uno mismo, intentando comprenderse, tal y como escucharía a cualquier otra persona que le abre el corazón.
Aprendizaje
El perdón no es olvido ni debería serlo, porque éste nos llevaría a cometer el mismo error más veces.
El perdón es más bien una transformación, donde la culpa se convierte en una lección positiva, en una experiencia que nos hace más sabios.
No existe un error del que no se aprenda algo.
Reconciliación
Aquí culmina el proceso, después de haber transformado la negatividad de la culpa en algo constructivo.
Ahora sí es posible dejar ir el pasado y hacer las paces con nosotros mismos.
El objetivo no es sentirse orgulloso de haber cometido un error o de haber herido a alguien, sino superar la situación para hacerlo mejor la próxima vez.

2. Las cinco preguntas que te ayudarán a perdonarte después del error
Perdónate por tu humano traspiés y vuelve a la buena senda.
Hay un estudio que sostiene que, cuando muestras esa compasión contigo, estás más motivado para mejorar lo que haya que mejorar.
Si quieres comprobarlo, comienza por el perdón. Quizás estas preguntas te sirvan para perdonarte a ti mismo, si no de golpe, poquito a poco.
1. ¿Lo hiciste adrede?
Piénsalo. Tal vez actuaste con lo que sabías en ese momento. Te influyó un malentendido. Te despistaste. Perdiste las riendas. Fue un accidente.
Como fuera, tú no querías que eso pasara. Pero pasó. Tengas más o menos responsabilidad en la situación, no eres un engendro del mal solo por haberte equivocado. Eres una persona que cometió un error.
2. ¿Hubieras perdonado a otra persona por el mismo error?
Imagínate que un amigo tuyo te cuenta que ha cometido el mismo error que a ti se te ha atragantado ahora. ¿Qué le dirías? ¿Serías tan duro juzgándolo como te estás juzgando a ti?
Si fallaste a una persona, pregúntate qué hubiera pasado si la situación se hubiera dado al revés: ¿Hubieras perdonado que otro cometiera un error similar hacia ti?
Estas preguntas nos sirven para darnos cuenta de que, en ocasiones, el peor crítico de uno mismo… ¡es uno mismo! Quizás tengas más facilidad para perdonar a otro que para perdonarte tú. Pero, ¿es que tú no eres una persona igual?
3. ¿Figurará el error como uno de los peores que has cometido en tu vida?
Hay errores que tienen consecuencias bastante serias. Piensa si este fue uno de esos o si, simplemente, fue una de esas meteduras de pata en las que los humanos incurrimos con frecuencia.
Si el error no ha sido tan grave como para lamentarlo el resto de tu vida, considera sacudirte la culpa. No te sirve.
Y, si ha sido serio, habrás de decidir qué hacer a continuación. Quedarte encallado en la culpa, no lo borrará.
Además, se te va a juntar el malestar con otros, porque seguramente cometas más errores (pequeños o grandes). Eres humano y los humanos no somos infalibles.
4. ¿Has hecho algo para enmendar la situación?
Cuando te equivocas, es importante actuar para reparar el error tan pronto como sea posible.
Si no has actuado, ya sabes por dónde empezar. Si has actuado, el error ha concluido. Y, si no tiene arreglo, te toca aceptarlo como es. Otra vez lo harás mejor, si practicas el punto que sigue.
5. ¿Has aprendido algo del traspiés?
Los errores son maestros que nos enseñan a actuar de manera diferente la próxima vez que nos encontremos en una situación parecida. ¿Qué te ha enseñado este maestro?
Haz un repaso de lo ocurrido y de cómo lo puedes evitar la próxima vez. El error no habrá sido en vano, si te quedas con la lección aprendida. Date la oportunidad de hacerlo mejor mañana.
Perdónate y sigue adelante.


