A lo largo de los años vamos acumulando pertenencias. Unos tienen muy pocas; otros, muchas y también están los del extremo que vamos a tratar aquí: los que acumulan demasiadas cosas.
Muchas cosas que nadie usa. Cosas que están rotas o caducadas. Cosas que acumulan polvo y que hace tiempo que nadie mira. ¿Por qué están ahí? ¿Por qué guardan cosas innecesarias?
Para que te hagas una idea de lo que es salirse de lo «normal», te describo un poco el panorama que se observa cuando entro a casa de mis padres.
No hay espacio libre. Los muebles están llenos de cosas (en su interior y por encima). Las paredes están atestadas de cuadros. Los asientos, ocupados por ropa (en los armarios no cabe ni un alfiler). Las mesas llenas de papeles… Vamos, un agobio.
Y no es sólo su casa. En casa de mi hermana y en la mía guardan un montón de trastos también. (Insisto, cosas inservibles.)
En absoluto quiero hablar mal de mis padres ni de quien acumula tantísimo objeto. Es más, mis padres están muy cuerdos; razonan a la perfección, como también lo hacen muchas personas que tienen esta costumbre.
¿Por qué la gente acumula muchas cosas?
El «problema» es, más bien, de tipo emocional. Las personas suelen acumular cosas para llenar un vacío. Ésa es la principal causa.
¿Qué vacío (emocional)? Depende. Hay de varios tipos e incluso pueden mezclarse. Vamos a tratar de entender los más comunes.

1. Escasez
Es la principal explicación que le encuentro a lo de mis padres. Ambos vivieron en su infancia una etapa de pobreza muy difícil. Se criaron en la posguerra. Apenas tenían qué comer ni con qué vestirse.
Es natural que, después de haber vivido en esas circunstancias, ahora valoren tantísimo las cosas materiales.
Ya mis abuelos les transmitieron el mensaje de que había que guardarlo todo.
2. Soledad
Hay personas que llenan el inmenso espacio vacío de su soledad con cosas. Así, en una habitación llenita de muebles, cuadros y objetos de lo más variado, no se sienten tan solos.
En los casos más graves, en lugar de lograr un entorno cálido y acogedor, saturan todo el espacio disponible. Y, cuando alguien les visita, sólo ve desorden y ningún lugar donde sentarse (cosa que los estigmatiza y los aísla más).
3. Recuerdos
Otras personas utilizan las cosas como ancla para aferrarse a un pasado que no quieren dejar ir. Sienten que se irán para siempre esos tiempos felices si se desprenden de los objetos asociados a ellos.
Por ejemplo, los objetos que se asocian a un trabajo que se ha desempeñado durante muchos años. Llega la jubilación y la persona no quiere dejar ir esa etapa en el que se sentía útil, productiva, valorada, etc.
4. Pérdida de un ser querido
Una circunstancia parecida a la anterior. Hay personas que, cuando alguien que quieren desaparece de sus vidas, conservan los objetos para mantener viva su presencia.
Quizás sea una muerte, un divorcio o puede que la pérdida de una mascota muy querida. El dolor y el vacío son tan difíciles de sobrellevar, que la persona se rodea de las pertenencias de quien ya no está.
5. Abuso y rechazo
¿Te sorprende esta causa? Pues no es rara. Algunas personas que han sufrido abusos y rechazos pueden aferrarse a las cosas materiales.
En su caso, cuidan de lo que tienen y se resisten a tirar las cosas, porque sienten que eso fue lo que hicieron con ellos. Guardando y cuidando esas cosas es como si se estuvieran rescatando o cuidando a ellos mismos.
La mayoría de estas circunstancias se pueden superar. En ocasiones se precisa la ayuda de un profesional que guíe a estas personas para que puedan manejar el dolor y el vacío de otra manera.
Por lo pronto, nosotros ya podemos entender que lo que hay detrás de la costumbre de no tirar nada quizás sea algo más que una simple manía o una señal de que la mente no carbura bien.
Y a mí, como hija, me queda ser más tolerante y comprensiva con mis padres.
A pesar de que un tal L.B. («escritor») haya fusilado esta entrada e incluso grabado un podcast con ella, salió primero en TBM.
