Suena el despertador. Comienza la odisea. ¡Nooooo…! Si ya es duro madrugar, en lunes puede serlo más todavía.
La antipatía hacia el lunes es como la que se siente hacia una persona que conocemos poco y nos da mala espina. Nos hemos topado con otras parecidas y ésta parece que es de la misma calaña.
Podemos acertar. Esa persona resulta ser desagradable.
Aunque a veces no nos demos cuenta de que hemos condicionado que sea así, porque al juzgarla negativamente de antemano no le hemos dado la oportunidad de demostrarnos otra cosa.
Y así son los lunes: duros, largos, cansados… ¡un tostón! Lo tenemos claro. A no ser que le demos la oportunidad al lunes para que nos sorprenda favorablemente.
¿Qué? ¿Se la damos o no?

No, no… Todavía es demasiado pronto. Acaba de sonar el despertador inaugurando el lunes y no nos ha provocado una alegría apabullante, precisamente. Todo lo contrario. ¿Cómo ponerse a pensar en las maravillas que nos deparará este día?
Pues, si no nos sale el optimismo por ninguna parte, lo mejor es no pensar en nada y salir de la cama cuanto antes.
Una vez en pie, tenemos hecho lo más difícil. ¿Y sabes lo que necesitamos ahora para darle una oportunidad al lunes? Energía y endorfinas. Un chute de alegría pa’l cuerpo.
Música, ejercicio, un buen desayuno, una ducha placentera, los rayos del sol (si ha amanecido), etc. Eso es: Haz cosas que te activen y te pongan de buen humor. Que por ti no quede.
No te dejes influir por las energías negativas del personal. Esto es, si tu vecina te pone mala cara y te niega el saludo, a ti… «plin».
Por último, te dejo una recomendación que a mí me funciona: Aprovecha muy bien el tiempo. Trata de terminar pronto alguna tarea (especialmente, si es difícil). Esto suele suponer una inercia positiva para el resto del día.
La mañana va bien. Tú te has vestido con esos buenos ánimos y ya la tienes encarrilada.
Ahora, sí. ¿A que el lunes promete?
Imagen de Neal
