Vive tus emociones. Siéntelas.

A lo largo del día experimentamos emociones diversas. Y este post está dedicado a ellas, a las “buenas”, a las “malas” y a nuestro derecho a sentir y expresar tanto las unas como las otras.

Dicen que la risa es la mejor medicina. Pero, cuando sentimos un nudo en la garganta, la medicina más apropiada es el llanto. Porque con las lágrimas damos cauce a la tristeza, nos limpiamos por dentro, nos relajamos…

Cierto es que a veces el entorno nos invita a reprimir u oprimir la tristeza: ¡Venga, sonríe!

emociones

Es mucho más fácil sonreír o carcajearse en público. Mucho mejor recibido socialmente que echarse a llorar de buenas a primeras.

Sin embargo, de vez en cuando todos sentimos la necesidad de encontrar un espacio para llorar, para contactar con nuestras penas profundas; para sentirlas. Aunque sea así, en la intimidad, éste es un espacio reconfortante, curativo.

Vive tus emociones

Las llamadas emociones negativas (como la tristeza o la ira) también forman parte de la vida. Evitarlas o ignorarlas merma nuestra capacidad para sentir alegría y esas otras emociones positivas.

Además, anestesiándonos contra el dolor o la rabia, no hacemos que desaparezcan. Puede que lo hagan por un rato, pero después volverán a estar ahí.

Y, si no les buscamos un cauce, esas emociones negativas encontrarán por sí mismas el modo de salir, quizás estallando después de tanta represión.

Las emociones actúan parecido a como lo hacen los niños pequeños. Ellos alzan la voz para llamar la atención y, si no les haces caso, gritan más fuerte y hasta pueden montar una pataleta de aquí te espero.

Por eso es necesario “escuchar” a nuestras emociones y darles una salida. No lo es tanto que las comprendamos a la perfección o que las cataloguemos con gran precisión.

Tan sólo hemos de permitir que estén ahí; sentirlas. Y después viene lo del cauce…

¿Cómo canalizas tus emociones?

Cada uno de nosotros canaliza sus emociones de manera distinta. Lo bueno es que conozcamos bastantes opciones y que las usemos en el momento idóneo.

En el caso de las emociones negativas, vale llorar. Vale cantar baladas lacrimógenas hasta quedarse afónico. Vale salir a correr por el monte. Vale hablar con un amigo. Vale escribir en un diario…

Porque, una vez sentimos la emoción, nosotros somos los que decidimos qué hacer, cómo actuar.

¿Cómo actúas cuando estás rematadamente triste? ¿Y cuando estás tan contento que la alegría no te cabe en el pecho?

Está bien que cada uno cuente con su repertorio personalizado de recursos, ¿no crees?

Lo dicho. La propuesta saludable del día es que nos demos permiso para sentir las emociones (incluso las más incómodas) para entonces, encontrarles una vía apropiada. ¿Te parece bien?