Hazte el trabajo más ameno

¿Al mencionar la palabra “trabajo”, qué es lo primero que cruza por tu mente?

Conste que en la palabra “trabajo” vamos a incluir el estudio, las tareas domésticas y todas esas actividades que merecen el nombre.

Supongamos que asocias el trabajo con cantidad de puntos negativos: la pesadez, el aburrimiento, el cansancio, la presión, la obligación, la incomodidad, el cansancio, etc.

Si es así y no existe la posibilidad de escaquearte, lo más sensato (creo yo) es tratar de que ocupe el menor tiempo posible: Poner tus cinco sentidos en eso tan fastidioso, para terminarlo cuanto antes y hacer después lo que te apetezca.

estresado en el trabajo

La procrastinación es tan tonta como ducharse por partes: Te lavas la cabeza. Sales de la ducha con frío y te vas a mirar Facebook. Vuelves a enjabonarte el tronco. Sales de nuevo a ver un vídeo chistoso. Otra vez a la ducha… Así tardas medio día en ducharte y lo pasas peor que si lo haces de corrido.

No, no eres tú solo. Todos caemos en la procrastinación de vez en cuando. Buscamos la manera de huir de eso que es tan pesado y aburrido, cuando sabemos que nos conviene más poner el turbo y acabarlo.

Pero, además de tragarse la píldora del trabajo rápido y sin darle vueltas, existe la opción de emplear una facultad que todos tenemos, en mayor o menor grado: la creatividad.

Empleando la creatividad para amenizar la obligación

La creatividad podemos emplearla empezando, mismamente, por cambiar el modo en el que miramos eso que no nos apetece hacer.

Una tarea no tiene porqué ser intrínsecamente aburrida o pesada. Es uno mismo quien decide los adjetivos que le pone. Si yo, antes de fregar, decido que eso es un fastidio, será un fastidio y más allá.

Pero, ¿cómo le doy un giro a lo que pienso? ¿Cómo voy a convencerme de que fregar es divertido, si la mayoría de las veces me canso y me aburro al poco de empezar?

Ahí es donde uno recurre a la creatividad, tanto para fregar, como para enfrentarte a cualquier cosa que llames “trabajo”.

Por ejemplo, yo podría ponerla en acción de la siguiente manera:

  • Recordando qué días se me ha hecho el trabajo más liviano y tomando nota de lo que ayudó a que fuera así.
  • Introduciendo variedad: Empezando por otro sitio, vistiéndome de otro modo, poniéndome música que me despabile, cantando, silbando, colgándome un podómetro para ver cuántos pasos doy, cambiando de entorno… (Bueno, ésa última, descartada en la tarea de fregar.)
  • Usando la imaginación: Podría inventarme situaciones más o menos fantasiosas, jugar a batir mi récord pasando la fregona, fingir que compito en celeridad con una vecina, etc.

Tirando de creatividad, uno puede ver la situación de otra manera y transformarla en algo bastante más ameno. También, cuando se trata de trabajos con más presión.

Por ejemplo, ésos que van a someterse al juicio de un tercero. Preparar un informe o un examen es mucho más pesado cuando cargas con el miedo al pobre rendimiento o al fracaso.

Aun en esas situaciones, puedes usar la creatividad para quitarte la presión de encima. Puedes estudiar o escribir el informe desvinculándote de las consecuencias, dejando los sentimientos a un lado.

Puedes olvidarte de la presión de que otro venga y critique lo que has hecho, y centrarte sólo en lo que tienes delante. ¿Por qué no?

Tú puedes hacer mucho más agradable la experiencia de estudiar, escribir, fregar o cargar piedras, si te inventas una manera distinta de enfocarla.

Aunque termines enseguida para ponerte con tus menesteres preferidos, el trabajo no tiene porqué ser tan pesado o aburrido, cuando utilizas el poderío de tu creatividad para transformarlo.