En esta entrada abordamos por qué y cómo convertir una tarea aburrida de tu vida cotidiana en un juego.
Aunque, para empezar, vamos a ponerle un nombre al asunto. ¿Nos quedamos con ludificación? ¿O prefieres gamificación, que es un término más conocido?
Si prefieres seguir la entrada en vídeo, aquí te lo dejo. (Duración: 3:17)
¡Continuamos!
Ludificación o Gamificación… Lo mismo da.
Hay pequeñas diferencias entre ludificación, gamificación y gamification.
¿Cuál elegimos para describir el acto de convertir una tarea anodina o pesada en un juego?
La primera de estas palabras en articularse fue gamification, refiriéndose al uso de elementos propios del juego para implicar a las personas en tareas o contextos no lúdicos, a priori.
Es un término en inglés, que se forma con la raíz: game. O sea, juego en español.
En una traducción pésima, gamification pasó a ser gamificación en español. Y en una traducción más correcta, gamification pasó a ser ludificación.
Ludificación se forma con la raíz latina: ludus, que significa juego. Es la misma raíz que llevan las palabras: ludoteca, ludópata…
Y ahora que conoces las tres palabras, quédate con la que prefieras. Yo voy a seguir con la última: ludificación. (Nos acostumbraremos, como pasó con procrastinación. Ya verás.)

Esto es nuevo, ¿no?
Qué va. Aunque la palabra suene poco familiar, la ludificación no es nueva.
En los últimos tiempos, el marketing la ha incorporado a su repertorio de técnicas para seducir y enganchar al público. Pero en educación se lleva utilizando desde bastante antes. Por lo menos, desde que los profesores hicieron a un lado la filosofía del: “la letra, con sangre entra”.
Materiales o conceptos difíciles de aprender se hacen más asequibles en un contexto lúdico o con elementos del juego.
Muchos preferimos aprender (y/o enseñar) con juegos porque la experiencia pesada se convierte en una experiencia agradable. Todos disfrutamos y nos involucramos más, y aprendemos mejor.
Convertir la experiencia en un juego hace que hábitos “aburridos” como ahorrar o ir al gimnasio todos los días, sean una experiencia que engancha.
¿Has echado un ojo a las apps? Hazlo cuando quieras adquirir uno de esos buenos hábitos “aburridos”. Es muy probable que exista la app que transforme la experiencia en una aventura, en un juego.
Y lo mismo cuando quieras dejar un vicio, como el tabaco. Las apps te mantienen centrado en la misión y motivado. Están pensadas para eso. Muy bien pensadas.
El aprendizaje y los juegos se han llevado bien toda la vida.

Ventajas de ludificar las tareas de siempre
Una ventaja, ya la tenemos. Adoptando el espíritu del juego aprendes más rápido, porque estás más a gusto y más metido en la situación.
Pero, si no tienes nada que aprender porque la tarea sea una vieja conocida que no brinda posibilidades para expandirte intelectualmente, también es útil convertirla en un juego.
Según el caso, ludificar una tarea sirve para:
- estar más motivado,
- hacerte el rato más ligero,
- mantener la atención (sin dar cabezazos del sueño),
- derrotar el perfeccionismo,
- y derrotar también la ley de Parkinson terminando antes la tarea.
Ahí tienes buenos porqués. Todo o parte de la lista lo consigues al convertir la tarea en un juego. Claro, depende del juego que te inventes. Porque las reglas… ¿adivinas quién las pone?
Tú.
Ideas para convertir una tarea en un juego
Yo uso algunas de estas que vas a leer. Me gusta ludificar ciertos momentos plastas del día.
Primera recomendación: si quieres adquirir un hábito “aburrido” (ahorrar, limpiar, madrugar, etc.) y eres un ciudadano moderno, busca la app. Seguro que los programadores, en conjunto con los profesionales de la salud y de la educación, han diseñado unas muy buenas.
Otras ideas:
➜ Compite. Si es tu estilo y compartes tarea con alguien que está tan aburrido como tú, compite para ver quién acaba antes o lo que se te ocurra. Está bien si la otra persona participa, pero no es necesario. Puedes montar la competición en tu cabeza y ya está.
➜ Compite contigo. (Este es más mi estilo.) Prueba a batir tu récord. ¿Terminarás antes que otras veces?
➜ Inventa una situación. (Esta me encanta.) Usa la imaginación para verte a ti mismo salvando el mundo mientras entras al gimnasio o preparas la comida. Ayúdate con música épica (o que vaya a tono con la misión especial) y móntate la película en la cabeza.
➜ Acumula puntos. (Anda que no se saben bien esta los del marketing…) Cada X veces que realices una acción, date X puntos. Después, canjeas los puntos por el premio que veas oportuno.
Ejemplos:
- Me doy un punto cada día que aguante seguido acostándome antes de las 11. Cuando lleve 30, me compro ese libro que tengo tantas ganas de leer.
- Me doy un punto cada día que aguante sin decir esa palabra prohibida (la que sea). Cuando lleve 7, me regalo un par de horas viendo mi serie preferida.
Riesgos de la ludificación
Puedes trasformar cada experiencia que elijas y convertirla en un juego o similar. Puedes hacerlo física, mentalmente o combinando elementos reales y fantasiosos.
Cada aspecto de tu vida puede ser ludificado (productivamente). En el enlace tienes (en inglés) un montón de herramientas para el caso.
Pero yo no ludificaría cada aspecto de la vida. Esa es mi postura.
Huir de la realidad
Cuando ludificas, estás transformando una tarea que tiene poco que ver con el juego. Cambias la realidad, que es aburrida o pesada, por un momento más amable.
Y, si sientes ganas de cambiar la mayor parte de las horas del día porque se te hacen aburridas o pesadas, eso no es buena señal.
Primero, porque también necesitamos aprender a manejar lo pesado y lo aburrido. Son espacios de calma necesarios para que nuestro sobre-estimulado cerebro se tome un respiro.
Y segundo, porque a veces lo necesario no es transformar la experiencia todos los días, sino mandar esa experiencia a paseo y apuntarte a otra que ames tal cual es.
Sumar presiones y estrés
Cuando el juego deja de parecer un juego, ya no es un juego.
Si te inventas demasiadas reglas y te angustias por cumplirlas, a la porra lo de combatir el perfeccionismo.
O, si vas huyendo todo el día de la ley de Parkinson, lo mismo la dejas atrás, pero no así al estrés. Cuanto más corres, más te estresas. También se pierde una de las grandes ventajas de convertir lo que tienes delante en un juego.
El exceso, incluso cuando jugamos de una manera productiva, es contraproducente una vez más. Pero esa es solo mi opinión. Falta la tuya.
Experimenta. Prueba a transformar las tareas que creas oportunas en una experiencia lúdica. A probar una app educativa. O a utilizar elementos del juego (como los puntos u otra recompensa). Así verás las ventajas y los inconvenientes por ti mismo (si no lo has hecho).
Atrévete a jugar. Ludifica algún menester correoso, a ver qué pasa.
Gracias por leer.



