Cómo combatir el perfeccionismo

En este artículo encontrarás una pequeña guía para combatir el perfeccionismo.

Veremos qué es el perfeccionismo, sus consecuencias negativas y, lo más importante, cómo superarlo con herramientas y estrategias prácticas.

¿Qué es el perfeccionismo y por qué puede ser un problema?

Para no confundirnos, consideremos que hay un perfeccionismo «bueno» y un perfeccionismo «malo», que es en el que vamos a poner más énfasis.

El llamado «perfeccionismo bueno» persigue un resultado de calidad en lo que se hace. Y estaremos de acuerdo en que buscar la excelencia es algo positivo.

Esto es lo que practica la persona que quiere hacer las cosas bien, lo mejor posible dentro de las circunstancias que acompañan.

Por eso, vamos a dejar la actitud sana a un lado y vamos a hablar de ese perfeccionismo (malo) que puede generar ansiedad y estrés si se lleva al extremo.

concepto de perfeccionismo: persona rígida, con todo perfectamente colocado.

El perfeccionismo que queremos combatir consiste en la tendencia a buscar la perfección en todo lo que se hace, practicando un nivel de autoexigencia excesivo y siendo muy crítico con los errores.

A veces, también supone exigir demasiado a los demás y no dejarles pasar ni una.

Esto no es una actitud sana. De hecho, cuando el perfeccionismo se sale de órbita, puede llegar a la obsesión, dificultando la vida sobremanera y haciendo preciso buscar ayuda profesional para afrontar el problema.

Pero, incluso cuando la situación es manejable, requiere que sepamos identificar en qué hábitos y situaciones se manifiesta esa tendencia perfeccionista.

Y a ello vamos. Hay señales que delatan el perfeccionismo, como las que vamos a ver.

1. Procrastinación y parálisis por análisis

perfeccionismo y procrastinación van unidos usualmente

Parece contradictorio. Un perfeccionista quiere hacer cosas perfectas, pero termina sin hacerlas. ¿Por qué?

Porque el lazo que une perfeccionismo y procrastinación es inevitable.

La persona perfeccionista posterga sus tareas o lo que tenga pensado hacer por miedo al juicio de los demás o por miedo a no alcanzar el nivel de perfección al que apunta.

Ejemplo: Decide escribir un informe. Pero pasan las horas y no empieza a escribirlo, porque no encuentra la mejor estructura para lo que quiere expresar.

Podría, simplemente, ponerse a escribir: ir cambiando, retocando o decidiendo una mejor estructura ya que esté en faena, que es mucho más fácil que hacerlo en frío.

2. Pensamiento extremo

una mujer estresada: pensamiento blanco-negro.

Esto se traduce en sentir que todo debe ser impecable o no vale la pena. Ya sabes: blanco o negro, todo o nada.

Ejemplo: Esta persona decide en la noche del domingo que va a madrugar para salir a correr el lunes por la mañana. Pero, como aún no está acostumbrada a hacerlo, fracasa en la misión.

¿Qué ocurre a partir de ahí? 

Piensa que la mañana es un desastre, solo porque no le ha salido bien lo que planeó, cosa que «contamina» el resto del día.

Eso, si de paso no se dedica a sí mismo frases del tipo: Soy un desastre. No valgo para nada.

Es más, puede que, si decide volver a madrugar para salir a correr, en lugar de planear hacerlo al día siguiente, decida esperar hasta el lunes próximo.

Es que, claro, empezar las cosas un martes no queda igual de bien que empezarlas en lunes… La semana no es tan perfecta.

3. Autoexigencia exagerada

un hombre frustrado por un ideal de perfección inalcanzable

La persona perfeccionista se pone unos listones tan altos, que no los salta ni un atleta olímpico.

Tal vez, para ella esto sea lo «normal». Pero, no. Hay cosas más normalitas.

Ejemplo: La persona perfeccionista decide limpiar su cuarto, que está hecho una leonera, porque nunca encuentra el hueco de tres horas que necesita para dejarla impecable.

Al fin parece llega el día y se enfanga en la misión. Pero pasan las tres horas y un par más… ¡Y no termina de limpiar ese cuarto!

¿Qué ocurre?

un hombre no termina de limpiar su cuarto porque se atasca en minucias

Muy probablemente, que se ha ido atascando en detalles accesorios, como colocar perfectamente alineados los calcetines en el cajón, en lugar de avanzar en lo más importante.

O, tal vez, sí ha terminado de limpiar. La habitación está más que decente. Pero hay manchitas y pelusillas aisladas que le roban la calma. Y ahí la tienes, puliendo detalles que no son la gran cosa.

Exige demasiado de sí misma en cada cosa que hace. Parece que no se siente cómoda dejando la tarea razonablemente bien hecha.

4. Miedo al fracaso y al juicio de los demás

mujer perfeccionista ejerciendo la autocrítica

Los errores no son plato de buen gusto para nadie, pero hay que verlos como algo natural, ya que suelen formar parte del aprendizaje.

Pues bien, la persona perfeccionista les tiene alergia. No ve el error como una oportunidad para mejorar. Para ella, su error es un fracaso.

Y, además, teme equivocarse, porque prevé que los demás van a juzgarla muy duramente. Tan duramente, como lo hace ella misma, que es su juez más severo.

Ejemplo: Hablar un nuevo idioma. Esta persona sabe que el perfeccionismo puede fastidiar su objetivo. 

Ella sabe que es inevitable pronunciar mal algunas palabras cuando empiezas con esta misión. Pero no puede evitar que el miedo a hacer el ridículo o los errores la perturben.

Tal vez, solo necesite aprender a ver los errores como algo positivo. Solo se equivocan las personas que hacen cosas o las que aprenden, como en este caso.

5. Estrés y ansiedad

un hombre carga con un enorme bulto negro (el estrés)

La alta autoexigencia y el miedo a los errores hacen que su nivel de estrés escale peligrosamente.

Incluso puede llegar a hacerse inmanejable todo ese estrés y la ansiedad que va de la mano con la búsqueda constante de la perfección.

Ejemplo: Las revisiones interminables. Antes de dar por acabado el proyecto que le han encomendado, esta persona revisa cada detalle repetidamente, hasta el agotamiento. 

Y, si lo da por acabado, se queda dudando de su trabajo. Se reprocha que podría haber añadido «esa cosita» más. ¿Y si no les gusta?

Ahora, piensa en lo que supone ser perfeccionista en cada cosa que haces.

Por supuesto que esta persona está estresada. ¿Quién no lo estaría en ese caso?

6. Sentimiento de insatisfacción

una chica toca el piano sin disfrutarlo; un placer del que le priva su perfeccionismo

Las personas con tendencias perfeccionistas rara vez se sienten satisfechas con su trabajo.

Y esta persona tan perfeccionista que estamos retratando con los ejemplos, tampoco se libra.

Ejemplo: Termina de tocar una pieza musical en público. A la gente le ha encantado. Parece que han disfrutado mucho de la música.

Pero la persona de nuestra historia, no. Ella no se siente orgullosa de haber tocado bien y de haber hecho disfrutar al público.

El perfeccionismo le quita esa sensación agradable. Para ella lo que más cuenta es lo que podría haber hecho mejor.

Y muchos artistas o profesionales de élite te dirán que esa es la manera de ser excepcional en lo que haces: no estar conforme con realizar un trabajo óptimo, sino ver qué pequeña cosa puedes mejorar para hacerlo cada vez mejor.

Pero, ¿acaso no es posible encontrar un equilibrio? ¿Para esta persona no es posible alegrarse de lo que hace bien, al tiempo que busca esa pequeña mejora para la próxima vez?

una mujer perfeccionista se mira al espejo; idea de introspección

A lo mejor sí es posible. Aunque, para eso, la persona ha de fijarse en estas señales que estamos describiendo y en las consecuencias del perfeccionismo en su vida:

  • en su salud mental y emocional,
  • en sus relaciones
  • y en su productividad.

¿Qué me dices de ti? ¿Has observado cómo andan tus niveles de perfeccionismo?

Señales de que el perfeccionismo te está frenando

un enorme monstruo (el perfeccionismo) impide que el hombre se mueva

Estas señales no son un test formal. Se basan en la descripción del perfeccionismo que acabamos de hacer.

A ver si te identificas con algo de lo que sigue:

  • Te cuesta terminar lo que empiezas porque nunca llega a un nivel aceptable.
  • Siempre sientes que «podría haber sido mejor», aunque los demás lo vean bien.
  • Pospones tareas importantes por miedo a no hacerlas perfectamente.
  • Pospones decisiones, por el mismo motivo: quieres elegir lo mejor de lo mejor.
  • Sientes ansiedad y frustración cuando algo no sale como lo imaginaste.
  • Dedicas demasiado tiempo y esfuerzo a detalles irrelevantes, en lugar de centrarte en lo esencial.

Si te identificas con varios de estos puntos, sigue leyendo: hay formas de dejar de ser tan perfeccionista.

Estrategias para combatir el perfeccionismo

idea de buscar el equilibrio

No se trata de bajar la calidad de lo que haces, sino de aprender a equilibrar el esfuerzo con la efectividad.

Aquí tienes algunas ideas con las que armar tu estrategia.

1. Ten en mente la finalidad de la tarea

un hombre enfoca el objetivo de su tarea

Haces muchas cosas a lo largo del día, pero no todas requieren el mismo nivel de calidad. 

  • Unas se merecen bastante dedicación y que apuntes a la excelencia. 
  • Otras es suficiente con que queden bien hechas.
  • Incluso pueden surgir tareas en lo que lo más eficiente en el momento sea acudir a una chapucilla para salir del paso.

Así es que, cuando tengas delante una tarea, pregúntate primero: ¿Para qué hago esto?

La finalidad de la misma te ayudará a decidir cuánto esfuerzo de tu parte se merece. No todas las tareas son igual de importantes.

Para la mayoría de las tareas, fija unos mínimos de calidad y para cuando los alcances.

Otra cosa a tener en cuenta: muchas veces no hay una sola forma de que una tarea quede bien hecha (incluso excelente). Hay varios resultados satisfactorios. No solo uno.

2. Si te dedicas a pulir detalles, que sea con una tarea importante

una chica perfeccionista no termina con los últimos detalles de un regalo

Al hilo de lo anterior, decide cuáles son tus prioridades.

De todas las cosas que haces al cabo del día, ¿cuáles impactan en el tipo de vida que quieres construir?

Observa cuáles son esas tareas. Y, si sientes la tentación de retocar cada detalle, hazlo solo con esas tareas de más valor.

Por ejemplo, entretenerte en eliminar unas diminutas manchas de la bañera, no aportará más valor a tu existencia ni te hará más feliz.

Pero, incluso con las tareas más importantes, has de saber cuándo parar.

un hombre perfeccionista decide parar y tomarse un descanso

Perfeccionar algo infinitamente no lo hará más valioso, solo más agotador, como te consta.

Otro ejemplo: Si has envuelto con esmero un regalo para una persona muy importante para ti, no pierdas más tiempo en el lacito. Está bien así.

(Y la persona a quien va dirigido, seguramente, quiera quitarlo deprisa, para ver qué hay dentro del envoltorio.)

3. Evita la presión de tenerlo todo bien atado al inicio

un hombre perfeccionista se atreve a hacer su primera tortilla

Esto te sirve para superar el perfeccionismo y la procrastinación. Ambos males, de una tacada: aclarar ideas sobre la marcha.

Si lo que tienes que hacer lo admite, empieza con un «borrador». Es lo mismo que he hecho yo con esta entrada que estás leyendo.

Para romper con la parálisis del inicio, haz una primera versión y mejora a partir de ella. Como sabes que, después vas a mejorar, echas a andar sin estar pendiente de la perfección.

Esto te vale para informes, cartas, entradas de blog como esta… Pero tú dirás: No me sirve para hacer una tortilla de patatas.

Es verdad. En tareas para las cuales la primera versión también es la última, hay que afinar la idea.

Piensa que, solo haciendo la primera tortilla vas a tener las pistas que necesitas para hacer mejor la segunda, la tercera… y todas las que hayan de venir hasta llegar a la perfección del sabor.

Y, si no te convence, sigue con las siguientes ideas.

4. Divide las tareas en pasos

una mujer empuña unas tijeras; concepto de dividir tareas
  • Un objetivo grande se ve más asequible cuando lo divides en subobjetivos.
  • Un proyecto grande es menos intimidante si lo divides en tareas más pequeñas. 
  • Y una tarea es más manejable si la divides en pasos.

Dividir tareas es otra medida que combate tanto el perfeccionismo, como la procrastinación.

Para evitar atascarte en detalles, divide lo que tengas que hacer en partes más pequeñas.

Ve completando pasos, uno tras otro, disfrutando de la sensación de avance, si puedes. Y, ya que llegues al final, haces la revisión de todo. 

5. Acepta tus errores

mujer se ríe de un error

Cometer errores es lo normal. Son una constante desde que naces. Y, además de aprender de ellos, logran que seas más comprensivo con los errores de los demás.

Tómate los errores como una señal de que estás siendo valiente al asumir riesgos y aprovéchalos para seguir avanzando.

Cuando te equivoques, presta atención a cómo te hablas e intenta decirte lo que te diría un buen amigo.

Practica una autocrítica positiva: aceptando el error y poniéndote de tu lado para buscarle un arreglo.

6. Libérate del cliché: «todo o nada»

un hombre perfeccionista consigue terminar su tarea

Para dejar de ser perfeccionista, quítate la presión del pensamiento absoluto: todo o nada.

Cuando tengas que terminar un trabajo, aplica la máxima: Hecho, mejor que perfecto.

Céntrate en terminar. Quizás no te dé tiempo a terminarlo «todo». O se te queden flecos sueltos. Pero la parte más importante sí está hecha. Y, desde ahí, puedes mejorar.

Pero, ¿qué tal si no es así? ¿Qué pasa si no terminas ni lo mínimo?

una mujer está decepcionada porque no ha hecho todo lo que le hubiera gustado

Dale valor a la consistencia imperfecta. Todos los días no está uno igual de inspirado.

Esto también puedes aplicarlo a tus hábitos: lo importante no es hacerlo bien «todos» los días. Saltarse un día no es grave.

Importa más seguir adelante, volver mañana a la carga, para procurar hacerlo lo mejor que puedas la mayor parte de los días.

En cualquier caso, evita la frase: No he hecho nada en todo el día, cuando te refieras a que no terminaste lo que te propusiste.

Busca la manera de ponerte las cosas más fáciles para hacerlo mejor mañana.

7. Valora el progreso

un hombre satisfecho anota sus progresos

Mira lo que has avanzado, en lugar de centrarte únicamente en lo que falta.

No eres tú solo el que está intentando progresar. La mayoría estamos intentando avanzar en lo que hacemos. Y ahí afuera ya hay un mundo que a veces nos recuerda que no estamos a la altura.

El trabajo de recordarte lo que te falta siempre hay quien lo hace. Y, qué curioso, el trabajo de recordarte tus progresos se lo toman menos personas.

Ese hazlo tú. Lleva un registro, de la manera que te parezca conveniente, y ve anotando tus avances en él.

No se trata de que ignores tus carencias y aquello en lo que aún te quedas corto. Se trata de poner equilibrio.

Por ejemplo, si has avanzado en tu entrenamiento físico, aprecia tus mejoras. No pongas la atención solo en lo que aún no has logrado.

9. Fija un tiempo para terminar

una mujer decide fijar un tiempo para terminar su tarea

Ten en cuenta la ley de Parkinson: Cualquier tarea se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible.

Podemos añadir que, a buen seguro lo ocupará todo y más, si te entretienes en pulir detalles y no la das por zanjada.

Fíjate un tiempo para terminarla, haz tu mejor esfuerzo y trata de que quede bien. Con eso basta.

10. Separa los resultados de tu persona

personas diferentes que aprecian a la persona perfeccionista

Esto es difícil, porque a menudo los logros o títulos que alcanza una persona van al lado de su nombre. Los demás nos conocen por lo que hacemos. Porque somos panaderos, médicos, policías, carpinteros, etc.

Pero tú y las personas más cercanas te conocen por quién eres. Y lo que aportas en sus vidas es más que las tareas que haces bien, medio bien o perfectas.

Las personas que te aprecian pueden valorar tu sentido del humor, tus «rarezas», tu disposición de estar siempre que te necesitan, tu habilidad para hacer interesante el momento, tu compañía… Y un largo etcétera.

Para ellas eres valioso así, como eres. Eres más que tus fracasos, tus éxitos o tus problemas.

11. Pasa más tiempo ejecutando que planeando

un perfeccionista (vestido como Aquiles) decide pasar a la acción

La planificación excesiva retrasa la acción. Y, mientras sigues retocando el plan, no estás avanzando.

Esta es otra manera de autosabotaje: atascarse en los preparativos. A menudo, por la inseguridad que da ponerse en marcha.

Pues, eso. Si intuyes que este es tu talón de Aquiles, dale prioridad a la acción. Silencia las excusas y empieza con lo que tienes.

Evita el riesgo de dejar pasar una buena oportunidad y de que tu perfeccionismo te convenza de que, después de todo, no era el mejor momento para actuar.

12. Aprende a delegar

una mujer perfeccionista delega una tarea

Para superar el perfeccionismo es esencial entender que los demás también pueden hacer un buen trabajo. Confía en ellos, si tienes esa opción.

Delega las tareas que puedas. Y, si no estás acostumbrado a hacerlo, comienza por encomendar misiones pequeñitas.

Es una buena idea, porque puedes delegar lo que sea menos importante o lo que menos te guste. En cualquier caso, es una parte de la que te liberas, aligerando el estrés del día.

13. Sé flexible y realista

una mujer perfeccionista se halla en una situación difícil; día de tormenta

Como sabes, en la vida se encadenan temporadas más fáciles con otras más difíciles.

Y, si es duro mantener unos estándares de calidad muy altos en los tiempos relativamente tranquilos, es más duro todavía cuando llegan las turbulencias.

Trata de no olvidarlo, especialmente en los malos tiempos:

  • cuando se presente algún imprevisto,
  • cuando arrecien los problemas,
  • cuando seas presa del aburrimiento y la monotonía,
  • cuando sientas el desgaste, etc.

Las circunstancias son cambiantes y el entusiasmo, también. Tenlo presente para mantener unas expectativas razonables.

14. Compárate solo contigo mismo

la mujer perfeccionista se muestra ajena a las comparaciones que hacen los demás

Por mucho que nos parezcamos, cada persona es diferente; tiene capacidades, puntos fuertes o desventajas que la diferencian de otra.

Asimismo, le rodean unas circunstancias que son distintas de otra persona, aunque las dos estén persiguiendo el mismo objetivo.

De ahí que las comparaciones con otros no sirvan de mucho. Especialmente, si sales perdiendo en la comparación.

En lugar de eso, puedes estudiar qué han hecho bien las personas que triunfen en eso que tú persigues, para ver qué puedes aprender de ellas.

15. Rebaja tensiones

mujer perfeccionista se relaja con una bola anti-estrés gigante

Como hemos visto, es común que las personas con tendencia al perfeccionismo acumulen estrés.

Y la tensión no llega solo del perfeccionismo en el trabajo. Hay personas que cargan con esta actitud a tiempo completo, en todo cuanto hacen.

¿La propuesta? Si quieres aligerar tu vida de tensiones innecesarias, practica con frecuencia actividades con las que suelas relajarte (pasear, leer, meditar, cantar…).

Y vigila ese nivel de autoexigencia, para mantenerlo a raya.

La última propuesta puede ayudar.

17. Diviértete más

Sin que por ello descuides tus obligaciones o lo que es más importante para ti, considera añadir más momentos de diversión en tu vida.

Ve pensando en el próximo y, cuando llegue, disfrútalo sin presionarte.

Si no sabes cómo hacerlo o por dónde empezar, busca a personas divertidas, que sepan relajarse. Algún ejemplo hallarás, ahora que estamos todos tan conectados.

La idea, como en el resto de propuestas, es buscar el equilibrio.

dos compañeros perfeccionistas salen a disfrutar de un picnic al aire libre

Conclusión

Cuando una persona dice de sí misma que es perfeccionista, suele referirse a que le gustan las cosas muy bien hechas.

Básicamente, lo que hace que el perfeccionismo sea problemático para la persona (y, muchas veces, para quienes están cerca de ella) son:

  • un alto nivel de exigencia,
  • la atención excesiva a los detalles,
  • y la baja tolerancia a los errores.

La persona puede quitarse las cadenas del perfeccionismo practicando hábitos que busquen el equilibrio, como los que hemos visto.

Si el perfeccionismo se torna inmanejable, la persona que se las ve con este monstruo hace muy bien en buscar ayuda en un profesional de la salud.

Hasta aquí, mi combate del día contra el perfeccionismo. 🙂

Espero que el artículo te sirva. Y, si no es así, lo voy a dar por terminado igualmente, hasta que se me ocurra la manera de mejorarlo.

Así doy ejemplo, como perfeccionista en rehabilitación que soy. 😀

Gracias por leer.

Estudió y trabajó en Educación Especial. Desde 2010 escribe sobre desarrollo personal en esta página.

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