7 Razones para ser menos duro contigo

En esta entrada vamos a ver en qué ocasiones estás siendo muy duro contigo mismo. Y, también, 7 razones para dejar de serlo cuando se te esté yendo la mano.

Pongamos que hoy es uno de esos días en los que no dejas de reprocharte aquel error que cometiste.

O, peor, es uno de esos días en los que sientes que no estás a la altura. No eres lo suficientemente guapo, lista, delgado, ocurrente, etc.

De vez en cuando, es natural sentirse mal con uno mismo. Al menos en lo que respecta a los errores, la autocrítica es un instrumento muy positivo.

La mayoría de nosotros nos sentimos mal cuando fallamos y, gracias a eso, nos movemos para encontrar una solución.

Lo que no es nada sano es martillearse con la idea de que uno es poca cosa o un desastre.

Si hoy es uno de esos días en los que se te está yendo la mano con la autocrítica despiadada, aquí tienes estos recordatorios.

¿Estás siendo muy duro contigo mismo?

mujer siendo severa consigo misma (metáfora)

Veamos ejemplos para orientarnos. Cuando se repiten estas situaciones que vamos a enumerar, estás siendo muy duro contigo.

O, bueno, reflexiónalo tú. A ver qué piensas.

1. Cuando muy pocas veces estás contento con tus avances

Esto pasa al darle más importancia a lo que te ha faltado por hacer que a lo que has hecho.

Es natural. Lo “imperfecto” resalta sobre lo que está bien y no siempre puedes cumplir con tus planes. Pero esto no es excusa para ignorar lo que sí has hecho.

2. Cuando le quitas importancia a lo que haces bien

Dices que fue la suerte o que cualquier otro podría haberlo hecho igual.

Puede que sea cierto: sin suerte no vamos a ninguna parte y los demás también hacen cosas estupendas.

Pero eso no excluye el esfuerzo, el cariño, el montón de horas o lo que sea que tú dedicaste a hacer las cosas bien.

3. Cuando no te arriesgas, por miedo a no dar la talla

No quieres hacerlo mal o que te rechacen, así que te garantizas tu propio rechazo. (Qué ocurrencias tenemos los humanos…)

Otra forma de auto-sabotear nuestros proyectos.

4. Cuando te comparas con otros

Y, naturalmente, sales perdiendo en la comparación.

Pierdes tú y pierde cualquiera que se compare para competir, en lugar de hacerlo para aprender.

5. Cuando a la opinión de cualquiera le das más importancia que a la tuya

Lo haces con personas con experiencia y conocimiento de causa. Pero también lo haces con otros, cuyo criterio tiene el mismo valor que el tuyo.

¡Oh! Y el colmo es cuando le das excesivo crédito a los charlatanes engreídos, que no tienen ni idea de dónde están de pie. Pero, como exhiben confianza, piensas que su opinión es la buena.

Y eso, ¿por qué?

6. Cuando te acuestas con tus problemas

Problemas, remordimientos y cualquier equipaje nocturno incompatible con una plácida noche de sueño.

Eres muy duro al no concederte unas horas de pausa para que tu mente se relaje un poco.

7. Cuando eres muy crítico con otras personas

Cosa que suele ser un reflejo de lo duro que eres contigo mismo. Si de ti esperas un nivel altísimo, es natural que esperes que otros sean así de impecables.

Pero ocurre que, con ese grado alto de exigencia, te estás pasando de frenada. Te sales de la responsabilidad, para llegar al perfeccionismo. Y, por bien vista que esté esta cualidad, las hay mejores.

 

Vamos con las razones. ¿Por qué podrías considerar dejar de ser tan duro?

7 Razones para dejar de ser tan duro contigo mismo

corazón dibujado: ser menos duro contigo

1. Nadie es perfecto

Además, ¿cómo sería la persona perfecta? ¿Cuáles serían sus medidas? ¿Qué otras cualidades personales debería tener para considerarla perfecta? ¿A qué dedicaría el tiempo?

No existe la manera perfecta de ser. Da igual cómo seas, lo que hagas o lo que tengas. No eres ni serás perfecto.

Tú eres quien eres: una persona única que, como todos, está viviendo esta aventura y que tiene sus propios desafíos.

2. No necesitas ser perfecto para que te quieran

Tú admiras y amas a personas imperfectas. Las quieres por lo que son, por lo que te inspiran, por lo que compartes con ellas. Asimismo, otros te quieren a ti tal como eres.

Si alguien te exige ser perfecto, no te quiere a ti. Lo más probable es que quiera la imagen de ti que tiene en su cabeza.

3. Tu peor crítico eres tú

La persona más dura contigo casi siempre vas a ser tú, porque tú eres la única persona que está en tu pellejo y que es testigo privilegiado de todo cuanto hace.

Si te has manchado el traje o metes la pata en una reunión, a los demás se les va a olvidar antes que a ti. Ellos tienen sus propios asuntos en los que pensar. Tus imperfecciones y tus fallos no les van a quitar el sueño.

En caso de que te preocupe lo mal que vas a quedar ante ellos, tranquilízate. Los demás no están observándote tan atentamente como lo haces tú.

4. Todas las personas tienen problemas

No te pasa solo a ti. Todos tenemos problemas y defectos. Todos nos equivocamos.

Pero, así como cada cual tiene su propio inventario de problemas, cada uno adopta una actitud diferente respecto a ellos.

Hay personas que, al menor contratiempo, se desmoronan. O que, con un granito que les salga en la cara, se traumatizan. Como también están esas que luchan a diario para superar grandes adversidades y no pierden la sonrisa.

Observa a la gente que te rodea, ya verás.

5. Lo que sientes es temporal

Recuerda, por ejemplo, esa vez que suspendiste un examen en la escuela y te sentiste fatal. Hoy, cuando piensas en ello, no le das mucha importancia.

Quizás lo que hoy te afecta es mirar la última foto que te hiciste y los años, que ya se van notando. ¿Quién te dice que mirándola dentro de veinte años vayas a sentir lo mismo? Tal vez pienses: “¡Caray! ¡Qué joven!

Que hoy te sientas mal contigo tiene que ver con cómo estás mirando la realidad ahora, en este momento. Deja que pase el tiempo y cambie tu perspectiva. Probablemente verás las cosas de un modo distinto.

6. El final es el mismo para todos

Disculpa este recordatorio: todos vamos a morir. También, las personas más guapas, inteligentes o exitosas del planeta.

Esa es una buena razón para intentar estar lo mejor posible en esta aventura. Y ser muy duro contigo mismo no la hará agradable.

7. Mereces respeto

Cada día, a cada paso, tú eres quien está ahí sosteniendo la vida, haciéndose cargo de la misma. Esa persona merece consideración y respeto.

Si a otros se lo demuestras, hazlo contigo. Deja que esta persona sea como es. Acéptala con sus virtudes, con sus errores, con sus imperfecciones.

Date permiso para ser humano

Las personas nos salimos a veces de la senda:

Nos matriculamos en un curso y nos saltamos clases. Nos hacemos un plan de comidas para la semana y lo rompemos. Dejamos de fumar y recaemos en un descuido. Pensamos dedicar la tarde a limpiar y nos quedamos viendo la tele, etc.

Cuando eso sucede, ¿qué crees que es más efectivo para retornar al buen camino?

  • (A) Reconocer el error. Aceptar que, como humano, tienes fallos. Y retomar tu compromiso.
  • (B) Recalcarte el fallo, arrepentirte y sentirte mal. Porque, si no lo haces, volverás a caer en lo mismo más pronto que tarde.

Puedes comprobar por ti mismo la efectividad de una y de otra. Para mí, funciona mejor la primera opción: tener paciencia contigo mismo y tratarte bien.

La opción (B) hace ponga el acento sólo en los fallos, olvidándome de lo que he hecho bien antes de fallar. Y olvidándome también de mis logros en otras áreas.

Obsérvalo en tu caso. Un solo resbalón no te quita lo que has avanzado hasta esa fecha. Ni quita tus aciertos en otras cuestiones.

La aceptación, la paciencia y el reconocimiento de tus “éxitos” te ayuda a retomar tus compromisos. Y lo haces con gusto, con ganas.

Son conjeturas. Tú dirás.

¿Qué funciona mejor para ti: tener paciencia contigo cuando fallas o sentirte mal cuando te sales de tus expectativas?

¿Te apuntas a estar atento para evitar ocasiones en las que actuamos con una severidad excesiva?