El perfeccionismo bueno y el perfeccionismo malo

Vamos a ver la diferencia que existe entre el perfeccionismo bueno, propio de personas que persiguen la excelencia, y el perfeccionismo malo, que es una fuente de estrés.

Pondremos más énfasis en destacar el segundo: el perfeccionismo intolerante a los errores.

Personas perfeccionistas con dos actitudes diferentes

Hay personas que se describen a sí mismas como perfeccionistas, pero no están diciendo que sean unos neuróticos de la perfección, sino que sus estándares de calidad son altos.

Les gustan las cosas bien hechas. Es gente organizada, constante, metódica y eficiente.

¿Qué hay de malo en ello? Nada. De hecho, a mí me encanta aprender de este tipo de personas para hacer lo que hago cada día un poquito mejor.

Pero otros, cuando dicen que son perfeccionistas, es para temerles (sobre todo si trabajas con uno de ellos).

  • Más que constantes, son cabezotas.
  • Más que organizados, son rígidos.
  • Antes que cuidadosos, son maniáticos de lo superfluo.
  • Y, para colmo, no son nada eficientes.
perfeccionismo malo

El problema vuelve a estar en los extremos, en la exageración.

En este caso, más de manifiesto que en otros: ¿Cómo una criatura mortal puede hacer bien TODO cuanto hace?

Busca la perfección y hallarás frustración

Voltaire no pudo estar más inspirado cuando nos enseñó aquello de: Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Procurar que algo quede bien (o muy bien) es una cosa, pero como trates de que quede perfecto puede salirte el tiro por la culata.

Y es que hay mucha diferencia entre una actitud y la otra.

Quien busca hacer bien las cosas…

  • Se propone objetivos alcanzables.
  • No le teme a los errores. Al contrario, cuanto antes se produzcan, antes puede corregir el rumbo.
  • No le paraliza el posible fracaso.
  • Reacciona de manera positiva a las críticas. Bienvenidas sean.
  • Disfruta del proceso y no solo del resultado.
  • Cuida de los detalles, pero no malgasta esfuerzos ni se queda estancado.

Por su parte, el perfeccionista exagerado merece compasión.

Quien pretende hacer las cosas perfectas…

Muy a menudo, no hace nada o hace bastante menos de lo que podría, si fuera más bajo su nivel de exigencia.

  • Teme a los errores y al fracaso, como si estos fueran a hacerle perder la admiración o el respeto de otros.
  • Tarda más en recuperarse de las decepciones en sus propósitos fallidos y esto lo hace más reticente a volverlo a intentar o a probar cosas nuevas.
  • Encaja peor las críticas.
  • Pierde mucho tiempo en retoques que no mejoran significativamente el resultado.
  • Malgasta energías.
  • Se estresa más, soportando una mayor presión.
  • Fastidia a quienes colaboren con él/ella. Porque, si es difícil para una persona que algo quede “perfecto” (a su exquisito gusto), cuando están dos o más es todavía más difícil.

¿A qué te refieres con “perfeccionista”?

Si te describes a ti mismo como perfeccionista, esperamos que sea porque te gustan las cosas bien hechas y no estás agobiado con que todo quede perfecto.

Porque cuando alguien se afana en hacerlo todo perfecto, aprende menos, hace menos y sufre más.

Hasta aquí, el contraste entre dos actitudes muy diferentes. ¿Con qué tipo de perfeccionismo te quedas? 😉

Relacionado: Ideas para combatir el perfeccionismo.


Categoría: