De la misma manera que es difícil hacer que te guste una persona que no tragas, es difícil hacer que te guste una tarea que odias.
Pero no hay necesidad de que te guste la tarea en sí misma. Te puede gustar el momento o puedes hacer las paces con el mismo, con lo que consigues que la tarea deje de ser tan aborrecible.
Aquí tienes unas cuantas ideas para que las consideres o sirvan de mecha para tu creatividad. Tú puedes darle un giro a la experiencia y transformarla en algo distinto. Ya verás que sí.
Dejo la versión en vídeo, por si la prefieres.
1. Acepta tus sentimientos hacia la tarea
Acepta que te cae gorda y que no tienes la obligación de hacer que te guste. Solo con eso, dejas de pelear con el momento y te allanas el camino.
La tarea (limpiar, ordenar o escribir informes) no tiene porqué gustarte. Pero puedes gustarte tú cuando eliges hacerla, venciendo sobre la desgana, las excusas, las distracciones y tu propio boicoteador interior.

2. Dale un sentido a la tarea que odias
Esta es la reina de la automotivación. Conecta la tarea peñazo con un bien mayor.
Vale que no te guste ordenar una pila de cosas, por ejemplo. Pero esa tarea forma parte de algo más grande: tu bienestar, el bienestar de los tuyos, tu progreso… o lo que sea.
Cambiará tu manera de verla si la contemplas como una parte pequeña de eso “grande” que sí deseas.
3. Enamórate de verte en acción
Lo dicho en el punto uno. Mira qué arte el tuyo, que has vencido sobre la procrastinación para que prevaleciera tu voluntad de terminar la tarea pesada.
Y, para que te enamores de ti más todavía, propónte acabar pronto, cuanto antes. Verás que, una vez puesto en acción, te las arreglas para darle caña.
4. Enfócate solo en el presente
El cerebro se las sabe todas cuando se propone esquivar un momento incómodo. Como quiere que ahorres energía, exagera para que te imagines un momento pesado multiplicado por veinte.
Entre los pensamientos que te disuaden de la acción es frecuente que se cuele la imagen tuya haciendo esa tarea plasta por toda la eternidad. Te ves esclavizado y piensas:
¡Aggg…! ¡Otra vez! ¡Siempre lo mismo…!
En consecuencia, la tarea se vuelve más pesada y odiosa de lo que es.
¿La propuesta? Piensa solo en salir de esa tarea esta vez. No mires más allá. Hoy y ahora.
5. Asocia la tarea que odias con recursos agradables
¿Cuáles son? ¿Los puedes emparejar con la tarea?
Usa tu música, una ropa que te guste, un sitio tranquilo… O puede ser el juego de competir contigo mismo para terminar antes que otras veces.
Una vez más, ahí está tu creatividad para encontrar la manera de endulzar el momento y que tú estés más cómodo y contento, dentro de las circunstancias.
Eso, en el momento en sí. También puedes redondearlo con una recompensa cuando termines. Piensa en una proporcional al caso y úsala para impulsarte.
6. Alíate con un colega de fatigas
Si encuentras a un compañero que esté en las mismas que tú, considera que los dos os podéis echar una mano para cambiar la pesadez del momento.
Por ejemplo, Pepe quiere terminar su tarea pesada (que no tiene porqué ser la misma que la tuya). Y tú vas a interesarte en que termine pronto:
– A las ocho quedamos, Pepe. Quiero que me digas que has terminado lo tuyo, ¿vale?
Por su parte, Pepe te va pedir lo mismo: que termines para esa hora.
Además de poner un límite de tiempo para terminar la tarea (tip que le debemos a Parkinson), existe un poquito de presión externa para ambas partes.
¿Y lo bien que sabe decir: – ¡Sí, terminé!…?
7. Presiónate con las consecuencias negativas de no hacer la tarea
La dejo para el final porque no es mi favorita. Pero hay personas a quienes sí les funciona la motivación del miedo.
Imagínate que le tuvieras que dar 50 € a Pepe por haberte comprometido a pagar esa multa de no terminar antes de las 8.
Imagínate sin sueldo, suspendido, abroncado, abochornado, con todos tus rivales pasándote por encima, desprovisto del respeto de tus compañeros o amigos, etc.
No es que te vaya a gustar mucho hacer la tarea. Y tampoco imagino que le saques un buen sabor al momento de hacerla.
Pero suspirar del alivio cuando la termines o estés a punto de hacerlo, sí puede encantarte.
Conclusiones:
Puedes hacer que te guste una tarea que odias aprendiendo a gustarte tú cuando la haces o transformando la experiencia.
Seguro que tienes tus trucos en esta cuestión. Úsalos y amplíalos. Y yo me aplico lo mismo.
Gracias por leer.
