Has de repetir una tarea pesada. Surge la tentación de posponerla, porque la última vez que la hiciste fue un auténtico suplicio.
¿Vas a pasar por el mismo mal trago de nuevo?
Cómo repetir una tarea pesada
Aquí tienes ideas para transformar ese momento y no pasarlo tan mal.

Razones, coartadas o excusas para procrastinar, sobran:
- Estoy cansado.
- Esto es muy difícil.
- No soy capaz.
- Me duele la cabeza.
- No tengo tiempo.
Quién no las ha usado alguna vez ante una tarea o compromiso de los que tiene una experiencia previa desagradable.
¿Otra vez…?
El vídeo dura 1’17».
- ¿Otra vez tengo que llamar a mi tía, que se enrolla por teléfono durante 5 horas?
- ¿Otra vez me toca fregar la escalera?
- ¡No! ¿Otra vez delante del odioso libro de matemáticas?
Por tu experiencia anterior, sabes que lo que tienes por delante será aburrido, ingrato, extenuante, difícil… y todos los calificativos horrorosos con los que quieras describirlo.
Pero, por tu experiencia anterior, también sabes que tienes recursos para hacer un poquito de bricolaje emocional, venciendo sobre la desgana y el fastidio.
Dale uso a lo que sabes.
Decide quitártelo de en medio
Pongamos que no puedes escabullirte de tu compromiso. Si no lo haces hoy, ahí se te queda colgado para mañana.
Tal vez, mañana estés de mejor humor o, en general, en mejores condiciones de abordarlo. Pero no tienes ninguna garantía de que vaya a ser así.
Lo más probable es que mañana el mal trago sea el mismo. O peor, si te queda menos tiempo para terminar la tarea.
Toma la decisión de actuar.

Cuando antes, mejor
La sabiduría popular te muestra un camino: Al mal paso, darle prisa.
Tú lo sabes. Pero eso no quita que estés paralizado por lo pesado que será el momento de ponerte manos a la obra.
Y ese es el problema: Que lo piensas demasiado o, quizás, que estás pensando de manera poco conveniente.
Evita ponerte la zancadilla
No todo lo que piensa una persona al cabo del día es bueno y está acertado.
Entre lo que se te cruza por la mente también hay pensamientos que te echan abajo o te sabotean.
El problema no es la tarea realmente, sino la creencia que tienes sobre la misma. De antemano, vas predispuesto a aburrirte mortalmente y a sufrir como un mártir.
Y, al darle alas a esos pensamientos, toman fuerza. Asumes que la tarea es el doble o el triple de fastidiosa de lo que es en realidad.
¿Estudiar? ¿Lavar los platos? ¿Poner la lavadora? ¿Salir a hacer la compra? ¡Ay, no! Otra vez el mismo rollo.
Justo antes repetir con la tarea pesada, esos pensamientos aparecen en tu cabeza como si fueran un molesto anuncio publicitario en pop-up.
Si la vez anterior fue horrible, ahora lo pasaré mal de nuevo.
¿Por qué?
No necesariamente revivirás la experiencia pesada de la última vez. Precisamente, porque ya sabes cómo te fue entonces y eso puedes utilizarlo para que esta vez sea distinta.
Haz que la tarea pesada sea distinta
¿Propuestas para lograrlo?
1. Date impulso con el sentido que tiene la tarea
Date razones para hacerla. Aunque sea pesada, si está delante de ti es porque te beneficia de alguna manera.
Piensa en el porqué. Solo en caso de que no encuentres ninguna razón buena para hacerla, elimínala de tu vida y no repitas con ella.
2. Deja de pensar en las ganas
La falta de ganas no es un obstáculo que te impida moverte. Pasa de seguir dando vueltas a lo poco que te apetece.
Porque también te consta que, una vez que comienzas, la tarea deja de ser tan pesada como la tienes retratada en tu mente.
3. Piensa en el “después”
Recuerda lo bien que te sientes una vez que dejas hecha una tarea importante.
Recrea esas sensaciones, que vas a volver a vivir dentro de poco. Piensa en ese “después” y en las actividades que más te gusten. Esas también te están esperando.

¡Ojo! De poco sirve que pienses en el “después”, si te imaginas un horizonte en el que te toque repetir esa tarea una y otra vez.
Porque, incluso cuando se trata de una tarea que te gusta, al pensar que vas a hacerla indefinidamente te sacias mentalmente antes, incrementando con ello la sensación de aburrimiento.
Esa conclusión se desprende de los experimentos realizados por el profesor de marketing Julio Sevilla y sus compañeros de la Universidad de Georgia.
Por tanto, imagínate haciendo cosas diferentes. Deja que la idea te alegre lo suficiente como para encender tu creatividad y aligerarte el momento (supuestamente) pesado que tienes por delante.
4. Pon tu creatividad en acción
¿Qué se te ocurre para aligerar el momento?
- Llamar a la tía que se enrolla por teléfono: Esta vez serás asertivo o le pondrás una buena excusa para que no te acapare tanto tiempo.
- Fregar la escalera: Esta vez vas a hacerlo con música.
- Estudiar matemáticas: Esta vez vas a pedirle a un amigo que te eche una mano.

Gracias a que conoces la experiencia y a que sabes porqué te resulta pesada esa tarea en particular, puedes acudir a opciones para amenizarla que funcionen para ti.
Puedes…
- intercalar descansos,
- fijarte un tiempo para terminar,
- convertir la tarea en un juego,
- preparar una recompensa para cuando acabes o cualquier otra idea que se te ocurra.
Lo mismo que eres creativo para inventarte una excusa para no hacer la tarea, eres creativo para terminarla pronto, bien y no sufrir tanto en el intento.
Tú puedes hacer que la susodicha tarea pesada esta vez sea distinta.
Usa lo que sabes. Transforma la experiencia. Puedes repetir una tarea pesada haciendo que deje de ser tan pesada.
Manos a la obra, ¡ya!
