Rodéate de influencias positivas

Desde que inicia el día, estás expuesto a una serie de influencias positivas o negativas: las personas con quienes te relacionas, las actividades que realizas, los lugares que visitas, etc.

Hay personas, actividades, circunstancias o lugares que te ayudan a sentirte mejor, más positivo, más sano, con más energía. Estas influencias son las que te impulsarán hacia delante y a sentirte más feliz en el camino.

Identifica las influencias positivas

Haz un repaso de las que encuentres en tu día a día. Observa cómo te sientes cuando piensas en ellas.

En mi lista personal de influencias positivas entran personas y actividades que me inspiran sentimientos y sensaciones agradables: gratitud, ternura, alegría, fuerza, valor, calma…

girasoles

Hay elementos que no sé si considerar positivos. Unas veces lo son y otras, no. Decido dejarlos en la lista de influencias positivas si me siento bien cuando pienso en ellos la mayor parte de las veces.

¿Qué incluirías en tu lista de influencias positivas? Ahora vamos con la otra lista, que también es útil tenerla en cuenta.

Identifica lo negativo

Haz también un recorrido por aquello que te desgasta, te debilita, te deprime, te agobia o saca lo peor de ti. Pueden ser lugares, actividades o personas.

A menudo, una fuente de malestar son las relaciones negativas con gente que sigue una dinámica dañina: Gente imposible de complacer, hagas lo que hagas; gente que te hace de menos; gente que te manipula para que actúes en su beneficio; gente que se queja continuamente; etc.

Y, entre esa gente difícil, observa si también estás tú, encabezando la lista de influencias negativas. Tú, cuando no reconoces tus logros; tú, cuando te machacas con críticas injustas; tú, cuando saboteas tus oportunidades, etc.

¿Qué meterías en esta lista?

Suma influencias positivas

Vuelve a la lista de lo positivo y reflexiona sobre qué es lo bueno que aportan esos elementos en tu vida. Descubrirás más acerca de tus valores personales y de tus prioridades.

Y, hecha esa reflexión, trata de volcar más tiempo o atención sobre estas influencias positivas.

Por ejemplo, si hay personas que te motivan y te inspiran a sentirte mejor, relaciónate más con ellas.

Si hay un hobby (u otra actividad) con la que te sientes a gusto contigo, relajado y contento, practícalo más a menudo.

Si caminando por el campo encuentras paz y alegría, pasa más tiempo en el campo. (Ésta es la mía.) 😀

Sumando influencias positivas, tú te vuelves más positivo; más feliz y contento con tu vida.

Reduce lo negativo

Las influencias negativas de tu pasado no puedes cambiarlas. Sí puedes reconocer cómo te afectaron, aprender de ello, recrearlo de manera distinta o intentar dejar atrás el dolor, que no es poca cosa.

Sin embargo, es en el presente donde tienes más margen de acción: Trata de recortar tiempo o atención a las influencias negativas.

Es más difícil cuando buena parte de esas influencias negativas vienen de gente muy cercana. No tienes porqué sacarlos de tu vida, pero sí puedes exponerte menos a su influencia.

Puedes entrenarte para ser menos receptivo a quejas, reproches y otros comentarios negativos de esta gente dificililla. Y también puedes abandonar la escena en un momento dado, como harías con cualquier situación potencialmente peligrosa.

¿Y cuando eres tú una de las principales influencias negativas para ti mismo? Más difícil todavía. Pero, aun así, puedes hacer algo.

Puedes rodearte de influencias positivas (personas o actividades) que te inspiren fuerza y confianza para ir cambiando por dentro, por ejemplo.

Cambia lo que puedas

No todo lo puedes controlar. Eso no quita que sí puedas controlar o cambiar otras muchas cosas en tu entorno: las actividades que realizas, la frecuencia y el modo de relacionarte con cierta gente, los lugares que visitas, etc.

Identifica qué influencias te oprimen y cuáles te elevan. Algo habrá que puedas hacer para estar mejor. Y, aunque te parezca poca cosa, regálate ese cambio. Todo suma.