Aquí tienes una guía práctica sobre cuándo evitar discusiones y cuándo te conviene abandonarlas, en caso de haber entrado en ellas.
Si necesitas práctica, como yo, espero que te sirva.
Cuándo evitar discusiones
Si hablamos de la propensión a discutir, podemos distinguir tres grupos de personas, a grandes rasgos:
- Las que discuten por prácticamente todo, con el desgaste, el estrés y el tiempo perdido que supone.
- Las que no discuten casi nunca, muchas veces por miedo a la confrontación.
- Y las que eligen sus batallas, por referirse a asuntos que les conciernen y sobre los que es factible encontrar una solución.
Vamos a quedarnos con el tercer grupo, si te parece.
Saber elegir las discusiones es importante, no solo para llevar una vida más tranquila y pacífica, sino también para mejorar las relaciones. (O, al menos, no dañarlas por cuatro tonterías).

En Sixwise nos dejan nueve consejos directos y prácticos, que sirven de guía para saber si merece la pena evitar una confrontación o embarcarse en ella.
Son los siguientes. Tal vez te sean útiles para elaborar tus propias reglas.
Consejos para saber si entrar o no en una discusión

- No pelees por algo que no es asunto tuyo o sobre lo que no puedes hacer nada.
- Piensa en las posibles consecuencias de la discusión. ¿De verdad vale la pena participar?
- Ten claro el verdadero motivo de la confrontación. Por ejemplo, si alguien es impuntual, ¿te molesta el tiempo que has estado esperando o consideras que es una falta de respeto que te haya hecho esperar? En caso de que decidas que vale la pena discutir, subraya lo importante, no lo superficial.
- Asegúrate de que el enfrentamiento va a solucionar algo.
- No pelees únicamente porque alguien te desafía.
- Pregúntate si se trata de algo en lo que merece la pena que emplees tus energías. Si no lo es, déjalo pasar.
- Convéncete de que el más fuerte en una discusión no es quien dice la última palabra, sino quien la deja a tiempo.
- Hazle alguna pregunta a esa persona, por si se ha expresado mal o no la has entendido bien.
- Pregúntate si realmente tienes razón o si se trata de un asunto que admite distintos puntos de vista.
- ¿Recordarás el asunto de aquí a cinco años? ¿Quizás en seis meses? Si no es «memorable», no te metas.
Son tips de mucha ayuda. Sirven tanto para no embarcarse en una discusión, como para dar marcha atrás cuando se torna improductiva.
Pero, para esa segunda situación, he recopilado más señales.
A ver qué te parecen.
¿Cuándo abandonar una discusión?
Cuando alguna de las partes está muy crispada y con ganas de gresca, es muy probable que la discusión sea infructuosa. Y, si es infructuosa, es innecesaria.
Para lo que puede servir es para que una parte cargue con los malos humos de la otra. Mal negocio. Es preferible evitar la discusión y abordarla cuando los ánimos estén calmados.
¿Y si ya estás en la discusión y aquello deriva por derroteros poco fructíferos? Lo mismo.
Claro que necesitamos identificar qué derroteros son esos… Vamos a ello.

Aquí tienes señales que indican que la discusión no va por buen camino.
1. Comienzan a aparecer los reproches: Se recurre a hechos del pasado; afloran resentimientos, con lo cual el objeto inicial de la discusión desaparece y el tema se desvía hacia asuntos pendientes: «¿Te acuerdas de cuando…?»
2. Una de las partes ridiculiza la opinión de la otra: Ante la impotencia de no poder rebatir al contrario, se ataca desmereciendo o echando por tierra su opinión: «No dices más que estupideces». Y ahí queda con suerte, porque puede ridiculizarse no solo la opinión, sino a la persona en sí, cayendo en el insulto: «Eres tan estúpido…».
3. El victimismo: Se hace sentir mal a la otra persona (o esa es la intención) haciéndola creer que nos está haciendo daño con sus argumentos: «¿Por qué me haces esto?» Otra manipulación, sí. En los peores casos, la parte «dañada» llora y patalea: «No me esperaba esto de ti.»
4. La exageración: Consiste en desvirtuar la opinión del contrario situándola en un punto extremo: «Siempre sales con lo mismo.» El uso de adverbios tales como: siempre y nunca es frecuente en esta táctica. Quien los usa no pretende tanto definir una situación como hacer sentir mal al contrario, que se vea como una persona predecible, inflexible y fastidiosa.
Conclusión
Hay discusiones enriquecedoras. Y hay discusiones que no llevan a ninguna parte, como las que giran sobre los puntos de arriba.
En esos casos, lo oportuno es abandonar la discusión cuanto antes, ya que no está sirviendo para aclarar y consensuar posturas.
Quizás en otro momento se den las condiciones para un diálogo fructífero.
Se dice que «dos no discuten si uno no quiere» y en mi opinión es cierto. ¿Qué piensas tú?



