Cómo dejar de sentir envidia del éxito de otros

Envidia del éxito de otros… Ufff… Vaya tema incómodo…

Precisamente por eso vamos a abordarlo. ¿Y si lo convertimos en alegría hacia los logros de otros?

De eso va esta entrada. Ya verás que no es tan difícil ni tan absurdo como pueda parecer.

Partamos de que la envidia es un sentimiento muy mal visto. Es difícil de aceptar incluso cuando estamos a solas con nosotros mismos.

¿Cómo lo encaras tú? ¿Sientes envidia del éxito de otros o, más bien, es miedo de ver tu éxito lejos?

El miedo irracional al éxito de otros

El logro de otros puede despertar el miedo a quedarte sin lo que quieres. Lo bueno escasea. Luego, si otro triunfa, te deja con menos trozo de pastel.

Ya, eso no es razonable, porque cada cual tiene su propio pastel. Pero así es el miedo.

pastel

La misma lógica tiene sentir tu ego amenazado cuando ves que otro está progresando en un área en la que tú cojeas… O en otra cualquiera.

Con la comparación es fácil caer en la envidia y en la tentación de deslucir el logro del otro para proteger el propio ego.

A ti te apetece cantar en el karaoke, por ejemplo, pero no te atreves. Ves que un amigo se lanza a la pista y se lo pasa en grande. Y tú te quedas diciéndole al de al lado:

¡Qué berridos! ¡Qué mal lo hace!

(Sí, muy mal. Pero él está haciendo lo que le apetece… y tú, no.)

No envidiamos todos las mismas cosas ni con la misma intensidad. Si bien, la “pelusilla” de la envidia, en algún momento, prácticamente todos la hemos sentido.

En los últimos tiempos, los estudios nos dicen que esa pelusilla la sienten más quienes pasan mucho tiempo en las redes sociales.

[Aquí hay un artículo que habla de cómo manejar el malestar en Facebook u otra red social: Envidia en Facebook: 5 Consejos para que no te afecte.]

Con tanta gente enseñando su cara más bonita, uno se mira a sí mismo, con lo bonito y lo feo al descubierto, y se siente mal.

Es una respuesta comprensible cuando llegamos a la conclusión de que nuestra “cotización social” va a la baja en relación a la de otros.

Vaya conclusión. 🙁

Ideas para minimizar la envidia por los éxitos ajenos

Conste que no hablo específicamente de ti, sino de cualquiera que pase por esto alguna vez (incluida yo).

1. Acepta tu envidia.

Sé honesto y admite tus sentimientos.

Si te sientes mal al ver a Juan cantando en el karaoke, cuando tú quisieras hacer lo mismo pero no te atreves, reconócelo tal cual ante ti mismo.

2. Presta atención a lo que despierta tu envidia.

¿Qué tipo de logros o situaciones son las que, con mayor frecuencia, provocan este malestar?

Esa información puede ser útil para decidir en qué áreas quieres enfocarte.

3. Pasa menos tiempo observando éxitos.

Todos tenemos éxitos y fracasos. En las redes sociales y en la vía pública es más frecuente que se enseñen los primeros.

Pero, por muchos que veas o escuches, ningún triunfo te quita el tuyo. Es hora de trabajar por él.

4. Evita compararte.

O, si lo haces, no elijas la cara “buena” de otro para ponerla al lado de tu cara “mala”.

Tú también tienes fortalezas. Y no necesitas sobrepasar a otro o sentirte “más que él/ella” para ser valioso. Ya lo eres.

5. Disfruta con el éxito de los demás.

Ponte en el lugar de quien vive su éxito y trata de conectar con su alegría. En otra ocasión, te tocará a ti celebrar lo tuyo.

Y lo último… ¿cómo lo puedes hacer?

Cómo ser FELIZ con el éxito de otros

Alguna vez, ese éxito ajeno viene acompañado de un saborcillo amargo.

Otra persona ha conseguido lo que tú llevas tiempo anhelando. O, quizás, sientes que mereces una alegría del estilo en otra área a la que llevas mucho dedicando tus esfuerzos.

¿Cómo alegrarte internamente por el éxito de otros, cuando te recuerdan las carencias que hay en tu vida?

El tiempo es el mejor maestro

Afortunadamente, con el paso del tiempo vas descubriendo que en la vida de todas las personas hay tanto éxitos como pesares. Y que los éxitos siempre son más visibles que los fracasos.

Aprendes que el éxito de una persona no impide que tú puedas tener éxito, en la misma área donde ella triunfó o en otras. Esa persona no te está privando de nada. Probablemente, es tu forma de ver las cosas la que lo está haciendo.

Aprendes que la vida es algo más que una competición, donde el éxito de unos es el fracaso de otros.

Aprendes que todo el mundo merece ser feliz. Que cada uno tiene sus sueños, sus objetivos… Y que todos tenemos el mismo derecho a luchar por ellos y a conquistarlos.

Aprendes a valorar cada una de las bendiciones que te rodean. Esos éxitos que otros quizás persiguen y tú ya lograste: tu buena salud, tu familia… o los que sean.

Y, entonces, decides alegrarte de que otras personas disfruten de los suyos. Sí, porque se trata tan solo de una decisión.

Conforme vas siendo consciente de lo anterior y lo practicas, la alegría te sale naturalmente. Eres feliz viendo cómo otras personas cumplen sus sueños, mientras celebras, te ilusionas y conquistas los tuyos.

oportunidades

Un último giro, para que veas lo fácil que es dejar de sentir envidia por el éxito de otros: Ponte en sus zapatos.

¿Qué pasará cuando seas tú la persona del éxito?

Hace su entrada una persona con éxito: ¡Tú!

Aquí llegas, feliz por tu éxito (de cualquier tipo: académico, romántico, laboral, etc.).

Te acogen personas que lo viven como si fuera un éxito propio. Pero también encuentras reacciones en contra.

Entre las contrarias, descubres odios, envidias, incomodidades y molestias (como la mía de antaño): ¿Tienes la poca sensibilidad de señorear tu éxito? Grrrr…

A nosotros, los contrarios, tu éxito nos sienta como una patada en el hígado, tal vez, porque el egocentrismo nos ciega y porque no tenemos en cuenta lo que has vivido hasta llegar a ese éxito.

  • No vemos todos los altos y bajos que has experimentado en el camino.
  • No vemos los días en los que te sentiste perdido, confundido o fracasado.
  • Tampoco vemos las veces en las que quisiste rendirte, pero seguiste adelante.
  • No vemos el tiempo que te ha llevado estar donde estás ahora.
  • Ni vemos tu dedicación, tu esfuerzo.
  • No vemos las acciones difíciles con las que te atreviste.
  • No vemos que, durante el camino, buscaste apoyo y abrigo en otras personas.
  • Y tampoco vemos que te mereces lo bueno que ha pasado. De veras que sí.

Porque, si fuésemos capaces de verlo, lo difícil sería no alegrarse por ti. Y, de paso, se nos olvida que las cosas buenas (y malas) suceden para todos, solo que en momentos diferentes.

Unas veces vives éxitos en primera persona. Otras, los ves desde fuera. Cuando los focos apunten hacia otro, ¿qué quieres sentir al ser testigo de su éxito?


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