Incluso imaginando un desastre de día, puede que no haya tanta distancia entre un día fructífero, que terminas satisfecho, y uno que parece haber sido lo contrario.
Vamos a ver la diferencia entre uno y otro, por si podemos rescatar un día frustrante o directamente horrible.
Cómo es un día fructífero
Traslada lo que viene a continuación a tu caso, ¿vale?
Un día productivo o fructífero, por definición, es el que da fruto.
fructífero, ra
- adj. Que produce fruto, beneficio o utilidad:
tierra, idea fructífera.

Tus deseos y expectativas para el día, aunque no se cumplan al 100 % (que eso es muy difícil), se materializan en buena medida. Tus acciones producen recompensa o hay indicios de que la producirán.
Terminas tareas. Sales airoso de las aventuras del día. Las personas con quienes te relacionas corresponden de manera consecuente a tus gestos.
Para mí es el retrato de un día estupendo. Lo disfruto tanto o más que un día libre (pero lo mío va aparte).
La otra cara de la moneda: el día frustrante
Este lo conocemos muy bien. Como lo malo y lo desagradable molestan más que lo bonito, este tipo de día no pasa inadvertido.
Para el célebre Murphy todos los días eran así:
Y, efectivamente, tenía razón. A ver qué día es ese en el que todas las variables combinan para que los miles de acontecimientos grandes y pequeños que vivimos salgan al gusto.
Unos días hay más al gusto, mientras otros se acercan al disgusto absoluto.
En un día frustrante la realidad esquiva tus deseos y expectativas. Se burla de ellos haciendo un gesto obsceno.
Tus cansancios y empeños sirven de poco. En el peor de los casos, son inútiles. Y así te quedas. Como si quieres llorar a mares de la impotencia.
Hay días así de frustrantes, de los que solo sacas hastío. Toca aceptarlos. Vendrán otros mejores. Peeeero no hay que diagnosticarlos tan a la ligera.
Hay frutos invisibles
Invisibles al instante. No los ves hoy. Aunque la semilla queda sembrada para germinar más adelante, a saber qué día del futuro.
Por ejemplo, es como cuando tienes un gesto intrascendente con una persona.
A ti te parece que fue intrascendente. Error. Para esa persona sí tuvo importancia… Y, debido a ello, producirá consecuencias positivas (o negativas) que hoy no llegas a ver.
Es más, puede que ni te enteres de que se produjeron, que nunca llegues a verlas.
Puede que no te imagines que la persona que tienes delante te sonríe, porque tú lo hiciste en una mañana de enero en la que le hizo falta ver un gesto cálido… Cosa que ya no recuerdas.
Aplica unas gotas de optimismo
O, más que optimismo (que parece caprichoso), llamémoslo confianza en tu plan y en tus decisiones.
Nunca tienes la certeza total de lo fructífero o infructuoso que ha sido un día, porque hay consecuencias en tus acciones que no vas a ver hoy.
Se dejarán notar más adelante. Y algunas, como hemos visto en el ejemplo, puede que ni las relaciones con lo que hiciste hoy.
Añadir unas gotas de optimismo, de confianza, servirá para que mañana renueves tu compromiso personal con los objetivos en los que estés avanzando.
Esa es la más importante de las 3 propuestas que vienen

1. Acepta que habrá días así, asquerosamente frustrantes.
Horribles sin paliativos. Tiene que haber de todo. Si no puede verse de otra manera, déjalo estar. Sobrevive este día. Así resaltarán más los días fructíferos.
Si no hubiera días malos, los buenos tampoco existirían.
2. Tira de creatividad para enmendar el día.
Vale. El estrés o la desgana total son enemigos de la creatividad.
Aun así, si puedes sacarte de la chistera una solución que equilibre el panorama, mejor. Como cuando está lloviendo, se estropea la excursión y a ti te da por improvisar un picnic en el salón.
3. Mira hacia delante.
Haz tu parte de hoy lo mejor que puedas. Confía en tu criterio. Y permanece atento. Puede que algo de lo que hiciste hoy saliera bien… y aún no lo sepas.
Gracias por leer. Que tengas un día fructífero y, si puede ser, seas consciente de ello hoy mismo. 😀
