El estrés supone un desgaste extra de energía que el organismo realiza tratando de adaptarse a una nueva situación. Una situación amenazadora o desbordante que provoca esa respuesta intensa.
El «lado malo» del estrés viene cuando no volvemos al punto de equilibrio y el desgaste se prolonga demasiado.
En ese punto, por motivos de salud, es cuando es oportuno buscar remedios para aliviarlo.
Sin embargo, como casi todo en esta vida, el estrés muestra también un lado bueno que merece la pena considerar.

El estrés positivo
Deja que mencione algunos momentos muy estresantes (para bastantes personas) donde queda a la vista ese «lado bueno».
- Estás a punto de hacer un examen que te has preparado bien.
Por bien preparado que estés, el momento de tensión previo no te lo quita nadie. Y es un estrés muy benéfico, ¿no te parece?
- Te das cuenta de que un piano está a punto de caer sobre la cabeza de tu amiga. Sin pensarlo, la has empujado lejos para salvarla de esa trágica muerte musical.
Terminas con el pulso a mil por hora e incluso puedes llorar del susto, pero ha merecido la pena, a menos que odies a tu amiga. (Es broma, ¿eh?)
- Tu matrimonio va a celebrarse en breve.
Llevas días o semanas que estás en un sinvivir de los nervios, por todos los preparativos y el cambio de vida que sobrevendrá (suponiendo que te agrade el cambio).
- Entras a trabajar en una prestigiosa empresa.
La alegría intensa de esta oportunidad convive a las mil maravillas con la inquietud y la incertidumbre de cómo te desenvolverás en ese trabajo.
- Te ha tocado la lotería.
Bien sea el premio gordo o un pellizquito generoso, notarás cómo tu corazón bombea con alegre desenfreno.
- Tu equipo de fútbol está a punto de ganar un importantísimo trofeo.
Gritas, te muerdes las uñas o te tiras de los pelos, hasta que el árbitro pita el fin del partido y estallas en un jolgorio estrepitoso.

Y así podría estar un rato, alargando la lista de situaciones en las que el estrés viene a ser la guinda de emoción intensa que hace que se recuerden toda la vida.
La buena consideración social del estrés
Otro aspecto positivo, que no tiene que ver con el estrés derivado de momentos que terminan bien, es la buena aceptación social de la que goza el estrés.
Una persona tremendamente responsable, que cumple a rajatabla con todas sus obligaciones, está muy bien vista.
La agenda llena, el teléfono móvil sonando cada dos minutos, la combinación de la vida profesional con la familiar y los suspiros de cansancio del que hace todo eso provocan admiración.
Yo diría que uno que se pasee con su carita sonriente y su expresión tranquila, así tenga detrás a 20 acreedores, goza de menos respeto.
Pero cuidadito con esto. Estar más estresado no significa ser más responsable. Y, en todo caso, lo que debe de primar es nuestra salud y no la opinión que tengan los demás.
Espero que saques partido del lado bueno del estrés, sobre todo del que esté ligado a tus buenos momentos.



