Te quedas unos instantes a solas contigo o, quizás, aprovechas que acabas de echarte en la cama. El momento para hacer balance cada día lo eliges tú y bien elegido está.
Enhorabuena por tener esta costumbre (o por pensar en tenerla). Yo también la tengo. ¿Qué te parece si repasamos sus beneficios y vemos qué opciones hay para practicarla?
Ventajas de hacer balance cada día
Tienes la versión en vídeo y la versión escrita.
Este momento de introspección puede contribuir con tu felicidad, si lo utilizas como instrumento para tomar conciencia de lo que vives y de hacia dónde vas.
Además, te ayuda a romper con la monotonía, si la estás sufriendo. Ya sabes, esa especie de cárcel temporal, en la que parece que estás repitiendo una y otra vez el mismo día.

Según tus preferencias o circunstancias, puedes hacer un balance diario centrándote en una faceta o en un aspecto muy particular:
– ¿Me ha sonreído él/ella hoy?
O bien puedes rescatar varios momentos del día, los que gustes por los motivos que quieras.
Otras preguntas que puedes hacerte. Son ejemplos:
- ¿Qué he aprendido hoy?
- De lo que he hecho, ¿con qué me siento más contento?
- De lo que han hecho los demás, ¿qué me ha llegado?
- ¿Qué agradezco que haya pasado hoy?
- La sorpresa del día, ¿cuál ha sido?
Prestar atención a los momentos que tú decides le da a cada día un toque único, pone buenas sensaciones en tu mente, te relaja y te ayuda a dormir mejor. (Compruébalo. Yo ya lo he hecho.)
En lo que respecta a tus objetivos personales, el balance diario te da dos oportunidades.
1) La oportunidad de saborear los logros
Recuerdas las conquistas o los pequeños aciertos del día. Y eso te ayuda a sumar en confianza en ti mismo.
Porque así es como se va sumando o restando confianza: un día tras otro, avance tras avance. (También puedes sumar/restar de golpe, aunque es menos frecuente.)
Si bien la suma de pequeños avances se convierte en un avance espectacular con el tiempo, tú puedes ir celebrando la suma conforme se va produciendo.

2) La oportunidad de aprender la lección del día
Los errores no sirven solo para dormirse con remordimientos. Su utilidad principal es la de enseñarte cómo NO hacer las cosas para probar con una alternativa la próxima vez.
Cuando haces balance al final del día puedes poner el énfasis, más que en el error, en la lección que has aprendido y en cómo vas a hacer las cosas a partir de mañana.
Ahora vamos con la técnica…
Cómo hacer balance del día
Cada persona elige aquello que le va mejor. Yo soy de escribir. Me va muy bien llevar un diario motivador.
(Sí, motivador. Para recordar los problemas y lo que aprendo de los descalabros tengo otros recursos.)
Tú puedes usar el instrumento o la modalidad que quieras también. Ejemplos:
- Tal vez, a ti te vaya bien hacer una reflexión sobre cómo ha ido el día mientras sacas al perro a hacer el pis de la noche.
- Pensar en lo mejor/peor del día antes de que te venza el sueño. (Yo hago esta muchas veces).
- Compartirlo como tema de conversación con alguien cercano es otra opción. Qué bonito es cuando le preguntas a alguien qué tal le ha ido su día… y te deja que tú también le cuentes lo más reseñable del tuyo.
Si quieres adquirir esta costumbre, prueba con distintas maneras de practicarla y quédate con la que mejor te funcione.

Esa es la idea de hacer balance cada día: rescatar los momentos que lo han hecho único. Rescatar lo que has aprendido.
Ojalá que te interese como propuesta. Mientras quieras y puedas, sigue sumando buenos momentos.
Gracias por leer.



